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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu de Perros. Género Perro. Lobo. 318


mo se ha visto en Constantinopla no hace muchos años, y como se ve diariamente entre los calmucos; lo mismo sucede con el Lobo, si bien las semejanzas accesorias son menos vivas. Pero decidir cuál es “el tipo de la especie”, es decir, cuál fue la primera que apareció, es cosa poco menos que imposible; pues el estudio de los esqueletos fósiles nos ha descubierto numerosas especies de can s anteriores á las que hoy existen, y de las cuales pueden proceder tanto nuestros Perros domésticos, cómo nuestras Raparás, Chacales, Lobos y todo Perro silvestre en general. En este caso descenderían de uno ó de varios tipos primitivos y perdidos, serian parientes en línea colateral , pero no en línea directa descendiente.

Referían los antiguos que cuando el León iba de caza, acompañábale, ó mejor, le avisaba un animalito que le descubría la presa. El rey de las selvas, después de haberla alcanzado y aterrado, nunca olvidaba dejar una parte de ella a su conductor, quien iba á un lado aguardando á que el León se hubiese retirado; llamábanle él proveedor del León, aunque su verdadero nombre quedó desconocido, y ningún autor antiguo se ha adelantado á decir que era el Thos de Aristóteles. Sin embargo, algunos autores del siglo pasado han creído reconocer el Thos ó Jakal en ese discreto proveedor, en términos de haberse suscitado sobre ello una polémica tan ridicula como inútil, supuesto que versaba sobre un cuento, un apólogo tan poco importante en Historia natural como una fábula de Lafóntaine. He aquí ese cuento indio de Pilpai. «Preguntaron un dia á ese animalito que ancla siempre delante del León para levantar la caza. ¿Por qué te has consagrado asi al servicio del León? Porque me mantengo de los restos de su mesa, respondió. Entonces, ¿cómo es que nunca te le acercas, cuando así podrías disfrutar de su amistad y agradecimiento? En efecto, pero es un grande, y si llegase á irritarse!...- El hecho es que nunca el León tuvo otro abastecedor que él mismo, y si alguna vez los Jackales comen lo que él deja lo mismo que las Hienas y otros animales voraces, débenlo á la casualidad. Los Jackales viven en manadas, compuestas lo menos de treinta individuos y á veces de mas de ciento, en especial en las vastas soledades de la India y del África. Aunque estos animales no tengan las pupilas nocturnas duermen durante el dia en el espesor de los bosques, ó según los antiguos viajeros y nuestros naturalistas, en madrigueras. Este último hecho se ha aseverado tan repetidas veces que apenas se puede ponerlo en duda; sin embargo, es muy estraño que unos animales carniceros que viven en manadas, puedan permanecer sedentarios en un lugar sumamente limitado, como se necesita para pasar la vida en las madrigueras. Viendo que de muy buena gana se retiran á las cuevas ó huecos de los peñascos cuando se les presenta ocasión, este hecho mal observado habrá dado lugar á la especie de que escavan habitaciones subterráneas; ó acaso también la Zorra de Bengala y el Corsac de ese mismo país, que con frecuencia se ha confundido con el Jackal, habrán hecho que se atribuyese á este los hábitos pertenecientes tan solo á los dos primeros. Pero, sea de ello lo que fuere, estos animales durante la noche recorren juntos el campo en busca de presa; y á fin de no dispersarse demasiado, hacen resonar continua mente los bosques con su grito lúgubre muy semejante al ahullido del Lobo, ó al ladrar del Perro. Pudiéramos dar una idea del mismo, pronunciando lentamente las sílabas na... na... na. Son entonces tan atrevidos, que se aproximan á poblado y entran en las casas que encuentran abiertas. Entonces se echan encima de cuantos alimentos encuentran, sin olvidarse de llevar los que no pueden córner al instante. Todas las sustancias animales convienen igualmente á su voracidad, y cuando no hallan otra cosa, roen los antiguos cueros ó correas, los zapatos, los arneses de los caballos y hasta las pieles que cubren, los baúles y maletas. Lo mismo que las Hienas acuden á los cementerios, desentierran y devoran los cadáveres, en términos que para ponerlos en seguridad, es menester mezclar con la tierra que los cubre piedras gruesas y espinas que, hiriendo las patas de los Jackales, les detienen en sus fúnebres operaciones. Si una caravana ó algún cuerpo de ejército emprenden su marcha, al punto les sigue una manada de Jackales, la cual todas las noches acude alrededor de los campamentos y de las tiendas, despidiendo tan fuertes y continuos ahullidos, que fuera muy difícil a un europeo el acostumbrarse á ellos hasta el punto de poder dormir. Luego que ha partido la caravana, al instante invaden el terreno donde estuvo el campamento, y devoran con ansia los restos de comida, las inmundicias y hasta los excrementos de hombres y animales. Todos los viajeros están conformes sobre estos hechos, los cuales no pueden caber en especies sedentarias, como son los que viven en madrigueras.

Cuando una manada de Jackales se encuentra inopinadamente en presencia de un Hombre, entonces estos animales se paran de repente, le miran por algunos momentos con una especie de desvergüenza que manifiesta su poco temor, y luego prosiguen su camino sin apresurarse mucho a menos que algunos tiros les obliguen á acelerar el paso. Aunque se alimentan de carroñas y de toda especie de carnes corrompidas, cuando se les presenta ocasión , no por eso dejan de salir á caza todas las noches y hasta á veces á la mitad del dia. Persiguen y atacan indistintamente á todos los animales de que puedan hacer su presa, aunque con preferencia hacen una guerra mas continuada las Gacelas y á los Antílopes, y les dan caza con tanto orden como la jauría mejor adiestrada, añadiendo al olfato y arrojo del Perro la astucia de la Zorra y la perfidia del Lobo. Se ha dicho que alguna vez los Jackales se arrojan á los chiquillos y a las mujeres, pero esto parece exagerado, puesto que no se apoya en ninguna, observación positiva. Mas cierto es que no obstante su pequeñez llevan el atrevimiento en ciertas ocasiones hasta acometer á los Bueyes, Caballos y otro ganado mayor; pero para esto se reúnen en gran número y emplean mucha astucia juntamente con su fuerza colectiva. Entonces entran osadamente en las granjas, corrales y demás sitios habitados, y en presencia de los hombres se llevan todo cuanto les conviene. También se ha dicho del Jackal, como del Lobo, que una vez acostumbrado á la carne humana, desprecia por ella todas las demás presas. Si quisiésemos refutar seriamente ese cuento de viejas, con facilidad probaríamos que ningún animal puede contraer el hábito de alimentarse de cadáveres humanos, puesto que en todos los pueblos, hasta los mas bárbaros, los hombres vivos respetan á los difuntos y cuidan de ocultarlos á la voracidad de los animales; y mas aun entre los mahometanos que habitan los mismos paises que los Jackales, Hienas y otras fieras. El estudio de la Historia natural ofrece ya bástante alimento á la curiosidad, sin que para aumentar su atractivo haya necesidad de añadirle cuentos tan absurdos como hacían los escritores antiguos.

Refiere el viajero Debom que en Levante adiestran á los Jackales en la caza; pero nada dice de sus hábitos domésticos. Por lo demás, su cohabitación, gestación, lactancia y desarrollo de los pequeñuelos en ninguna de sus circunstancias se diferencian absolutamente de las del Perro.

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