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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu de Perros. Género Perro. Lobo. 314


campos, gira al rededor de las poblaciones, roba los animales abandonados, escava la tierra debajo de las puertas, se abre paso, entra furioso y todo lo destroza antes de escoger y arrebatar la presa. Cuando no logra nada con estas invasiones, se vuelve á los bosques, se dedica á cazar, busca, sigue el rastro y ahuyenta y persigue á los animales silvestres, con la esperanza de que otro Lobo podrá detenerlos y apresarlos en su fuga, y después partirá con él los despojos. En fin, cuando la necesidad es extrema, se espone á todo acomete á las mujeres y muchachos, y aun á veces se tira á los Hombres y se pone furioso con estos escesos, los cuales terminan ordinariamente con la rabia vía muerte.

El Lobo, así en lo exterior como en lo interior, se semeja tanto al Perro, que parece han sido modelados ambos por una misma forma: sin embargo, no présenta los mismos caracteres sino bajo un aspecto enteramente opuesto. Si la forma de estos dos anímales es semejante, son sus índoles tan diferentes, que no solo son incompatibles, sino antipáticos por naturaleza y enemigos por instinto. Un Perro joven se estremece al primer aspecto del Lobo, y huye al percibir su olor, el cual, aunque nuevo y desconocido, le repugna tanto, que va temblando á ponerse entre las piernas de su amo; y un Mastín que conoce sus fuerzas, se eriza, se irrita, le acomete con valor, procura luego ahuyentarle, y hace todos sus esfuerzos para librarse de una presencia que le es odiosa. Nunca se encuentran sin Combatir y sin pelear hasta matarse. Si el Lobo es mas fuerte, despedaza y devora su presa; el Perro, por el contrario, mas generoso, se contenta con la victoria, y desdeñándose de tocar el cadáver de un enemigo, le abandona para que sirva de pasto á los Cuervos y aun á otros Lobos, pues se devoran unos á otros, y cuando uno está gravemente herido, los demás le siguen por el rastro de la sangre, y se reúnen para acabarle.

El Perro, aun silvestre, no es de natural feroz: fácilmente se domestica, se aficiona á su dueño y permanece fiel. El Lobo, cogido pequeño, se amansa, pero no toma aficion: puede mas en él la naturaleza que la educación: con la edad recobra su carácter feroz; y luego que puede, se vuelve á su estado montaraz. Los Perros, aun los mas toscos, buscan la compañía de los demás anímales: son naturalmente inclinados á seguirlos y acompañarlos; y el instinto solo, y no la educación es quien les enseña á conducir y guardar los ganados. El Lobo, por el contrario, es enemigo de toda sociedad, y ni aun con los de su misma especie se acompaña. Cuando se ven muchos juntos, no es una sociedad pacífica, sino una espedicion de guerra, que se hace con gran estruendo y horribles ahullidos, y que denota un proyecto de acometer á algún animal corpulento, como un Ciervo ó un Buey, ó para acabar con algún temible Mastín. Acabada su espedicion, se separan y se vuelven en silencio á su soledad. Tampoco hay mucho comercio entre el macho y la hembra, los cuales solamente se buscan una vez al año, y permanecen juntos poco tiempo. El invierno es el tiempo en que las Lobas entran en calor: diferentes machos siguen á una misma hembra, y este concurso es aun mas sangriento que el primero, porque se la disputan cruelmente, y regularmente sucede que hacen pedazos al que ha sido preferido por la Loba, la cual por lo común huye largo trecho, cansa á todos sus pretendientes, y mientras estos duermen, se retira con el mas diligente ó mas amado. El calor no las dura mas que de doce ó quince días, y empieza por las Lobas mas viejas : las mas jóvenes le experimentan mas tarde. Los machos no tienen tiempo determinado de celo, y en toda estación pudieran juntarse con las hembras: pasan sucesivamente de unas ú otras según van estando en disposición de recibirlos: comienzan por las viejas á fines de diciembre y acaban por las jóvenes por febrero ó principios de marzo. El tiempo del preñado es de cerca de tres meses y medio, y se hallan lobillos recien nacidos desde fines de abril hasta el mes de julio. Esta diferencia en la duración del preñado, entre las Lobas, que lo están por mas de cien dias, y las Perras, en las cuales casi no dura mas de sesenta, prueba que el Lobo y el Perro, tan diferentes por su índole, lo son también por el temperamento, y por uno de los principales resultados de las funciones de la economía animal. Examinándolos con cuidado, se reconoce fácilmente que, aun en lo exterior, el Lobo difiere del Perro en caracteres esenciales y constantes. El aspecto de la cabeza es diferente, y también lo es la forma de los huesos: el Lobo tiene la cavidad del ojo oblicuamente colocada é inclinada la órbita, los ojos encarnizados, centellantes y brillantes en la oscuridad; ahulla en vez de ladrar; sus movimientos son diferentes; el andar mas igual y uniforme, aunque mas pronto y precipitado; el cuerpo mucho mas fuerte y menos flexible; los miembros mas firmes; las mandíbulas y los dientes mas gruesos; y el pelo mas áspero y espeso.

Pero estos animales son muy semejantes en la organización de las partes internas. Los Lobos se unen como los Perros, y como estos tienen el miembro ternilloso, y al rededor un rodete que se hincha y les impide separarse. Cuando las Lobas están cercanas al parto, buscan en lo interior de los bosques un paraje enmarañado, en medio del cual desmontan y allanan un espacio bastante considerable, cortando y arrancando con los dientes la maleza, y á él conducen después gran cantidad de musgo, y preparan un lecho cómodo para sus hijos: ordinariamente paren cinco ó seis, á veces siete, ocho y aun nueve lobillos, y nunca menos de tres: estos nacen con los ojos cerrados como los Perros: la madre les da de mamar por algunas semanas, y les enseña bien pronto á comer carne, la cual ella misma prepara mascándola antes. Algún tiempo después les trae Turones, Lebratos, Perdices y Pájaros vivos: los lobatillos empiezan por jugar con ellos, y el juego acaba en matarlos: la Loba los despluma, luego los desuella y hace pedazos, y da á cada uno su parle: los hijos no salen del paraje en que nacen, hasta pasadas seis semanas ó dos meses: entonces siguen á su madre que los lleva á beber á algún tronco de árbol ó charco vecino, los vuelve á conducir á su guarida, y les obliga á esconderse en alguna otra parte cuando teme algún peligro, y de este modo la siguen algunos meses. Cuando los persiguen, la madre los defiende con todas sus fuerzas y aun con furor; y aunque en otras ocasiones es como todas las hembras mas tímida que el macho, cuando está criando se hace intrépida, no teme peligro alguno propio, y se espone á todo por salvar á sus hijos. Por lo mismo estos no la dejan hasta que ya están criados y se sienten con bastantes fuerzas para no necesitar de socorro, lo que ordinariamente sucede á los diez meses ó un año, á cuyo tiempo han mudado los primeros, dientes, los cuales se les caen á los seis meses, y adquirido fuerza, armas y destreza para el robo.

Los machos y las hembras están en aptitud de engendrar á la edad de unos dos años, aunque es probable que estas, como sucede en casi todas las demás especies, sean en esta parte mas tempranas que los machos: lo cierto es que lo mas pronto que entran en calor es en el segundo invierno de su vida, lo cual supone diez y ocho ó veinte meses de edad. Los cazadores aseguran que en todos los partos nacen mas machos que hembras, y esto confirma la observación, que parece general, á lo menos en estos climas, de que en todas las especies, principiando por la del Hombre, la naturaleza produce mas ma

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