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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu de Perros. Género Perro. 297


que los salvajes del Canadá que habitan un país frio, tienen la misma aficion que los negros á la carne de perro, y que nuestros misioneros han comido de ella algunas veces sin que les causase repugnancia. Los Perros sirven en lugar de carnero para comerlos en los banquetes, dice el padre Sabardo Theodato: yo me he hallado diferentes veces en festines en que se ponia carne de perro: confieso á la verdad que al principio me causaba horror; pero luego que la hube comido dos veces, la hallé buena, y de gusto algo parecido á la del Puerco.

En nuestros climas los animales monteses que se acercan mas al Perro, y sobretodo al de orejas derechas, esto es, al Perro de pastor, son la Zorra y el Lobo; y como la organización interior es casi totalmente la misma, y las diferencias exteriores bastante leves, quise probar, dice Buffon, de quien tomamos este artículo, si producirían juntos, esperando que sin dificultad se conseguiría unirlos, y que sino producían individuos fecundos, engendrarían a lo menos especies de mistos que participarían de la naturaleza de ambos. A este fin hice criar una Loba, cogida en los bosques, de edad dos á tres años, con un Mastín del mismo tiempo: estaban encerrados los dos solos en un patio bastante grande, en que no podia entrar ningún otro animal y tenían un abrigo á donde retirarse. Ni uno ni otro conocían ningún individuo de su especie, ni tampoco ningún Hombre, sino el que tenia cuidado de darles de comer todos los dias; y de este, modo los conservé tres años, siempre con el mismo cuidado, y sin atarlos ni violentarlos. Durante el primero, estos animales estaban jugando continuamente juntos, y parecía se amaban mucho: al segundo empezaron á disputarse el alimento, sin embargo de dárseles mas del necesario. La disputa nacía siempre de parte de la Loba: llevábanles carne y huesos en un gran plato de madera que se ponía en tierra: al mismo instante la Loba en vez de avalanzarse á la carne, empezaba por echar de allí al Perro, y después tomaba el plato por el borde tan diestramente que no dejaba caer nada de lo que habia en él, y huia con todo; y no pudíendo salir, la vi muchas veces dar cinco ó seis vueltas al patio, arrimada á los muros, llevando siempre el plato entre sus dientes, y no ponerle en el suelo sino para volver á tomar aliento, y echarse sobre la carne con voracidad, y sobre el Perro con furor, cuando se acercaba. El Mastin era mas fuerte que la Loba, pero al mismo tiempo mas suave, ó por mejor decir, menos feroz; y temiendo que peligrase su vida, se le puso una carlanca. Pasado el segundo año, las disputas eran todavía mas recias y los combates mas frecuentes, y se puso también una carlanca á la Loba, con quien el Perro no contemporizaba ya como á los principios. En estos dos años no se advirtió el mas leve signo de calor en uno ni en otro, y solo á fines del tercero empezaron estos animales á sentir sus impresiones, pero sin amarse, pues lejos de que esta situación los suavizase ó los aproximase uno á otro, los hizo mas intratables y feroces, prorumpiendo ambos en ahullidos de dolor mezclados con gritos de cólera: ambos se enflaquecieron en menos de tres semanas, sin acercarse nunca sino para maltratarse, y al fin fue tal su mutuo enojo, que el Perro mató á la Loba que estaba mas flaca y débil, y fue preciso matar también al Perro algunos dias después, porque no bien se le hubo puesto en libertad, cuando hizo muchos estragos, acometiendo con furor á las Gallinas y otras aves domésticas, y aun á los Hombres.

Al mismo tiempo tenia yo dos Zorros y una Zorra cogidos en cepos, y los nacía guardar en parajes separados y distantes unos de otros. Al uno de estos Zorros habia hecho poner una cadena ligera, pero bastante larga, y se le habia hecho una cabaña pequeña en que se abrigaba. Le tuve muchos meses y se mantenía bueno; y sin embargo de manifestarse triste, y de tener fijos siempre los ojos en el campo que veia desde su cabaña, no dejaba de comer con muy buen apetito. Preséntesele una Perra en calor, que se habia guardado, y que no habia sido cubierta; y no queriendo esta permanecer cerca del Zorro, se tomó el partido de encadenarla en el mismo sitio, y de darles de comer abundantemente. El Zorro no la mordió ni maltrató: en los diez dias que estuvieron juntos, no tuvieron la mas leve querella de día ni de noche, ni á la hora de comer, antes bien el Zorro se acercaba á ella familiarmente; pero cuando olia muy de cerca á su compañera, el signo del deseo desaparecía y él se volvía tristemente á su cabaña. Luego que cesó el calor á esta Perra, se puso en su lugar otra que empezaba á entrar en él, y después otra y otra: el Zorro las trató á todas con la. misma suavidad, pero también con igual indiferencia; y á fin de asegurarme si era la repugnancia natural ó el estado violento en que se hallaba lo que impedia la unión, le hice traer una hembra de su especie, la cual cubrió desde el mismo dia mas de una vez, y disecándola al cabo de algunas semanas, hallamos que habia concebido, y que hubiera producido cuatro zorrillos. Sucesivamente se presentaron al otro Zorro diferentes Perras en calor, encerrándolas con él en un patio, sin ponerlos cadena; pero no se vio en ellos odio ni amor, combates ni caricias, y el Zorro murió al cabo de algunos meses, de tedio ó de tristeza.

Estos esperimentos nos enseñan á lo menos que la Zorra y el Lobo no son enteramente de la misma naturaleza que el Perro, y que este no trae su origen de ninguno de aquellos.

No se debe entender que yo afirme absoluta y decisivamente que la Zorra y el Lobo no se hayan juntado con los Perros en ningún tiempo ni clima. Los antiguos lo aseguran positivamente para que todavía puedan quedarnos algunas dudas sobre esto, á pesar de las esperiencias que acabo de referir, y confieso que seria preciso mayor número de iguales pruebas para adquirir entera certeza sobre este asunto. Aristóteles, cuya autoridad es para mí de mucho peso, dice positivamente que es muy raro que los animales de especies diferentes se unan; pero que sin embargo esto se verifica con los Perros, las Zorras y los Lobos, y que los Perros de la India provienen de un animal montes semejante y de un Perro. Pudiera creerse que este animal montes, cuyo nombre no sé, es el Adive, si no dijese en otro paraje que los espresados Perros de la India proceden de un Tigre y de un Perro, lo cual se me hace mas difícil de creer por ser el Tigre de naturaleza y figura mucho mas diferentes de las del Perro, que el Lobo, el Adive y la Zorra. Es preciso, pues, convenir en que el mismo Aristóteles desacredita su testimonio en esta parte; porque después de haber dicho que los Perros de la India proceden de un animal montes semejante á la Zorra ó al Lobo, asegura que provienen del Tigre, y esto sin indicar si es de Tigre y Perra ó de Perro y Tigre hembra, añadiendo solamente que esta producción, no se logró hasta el tercero ó cuarto parto: que del primero no resultan todavía sino Tigres: que á este fin se atan Perras en los desiertos, y que á menos de estar el Tigre en calor las devora: que la causa de producir el África tan frecuentemente prodigios y monstruos es lo raro del agua y el calor escesivo, con cuyos motivos se juntan á beber en un mismo paraje gran número de animales de diferentes especies, y allí se familiarizan, se unen y producen. Todo esto me parece conjetural, incierto y aun bastante sospechoso para poder darle crédito, porque cuanto mas se observa la naturaleza de los animales, tanto mas se vé que el indicio mas seguro para formar juicio de ellos es el instinto. El examen mas prolijo de las partes internas solo nos descubre las diferencias

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