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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu de Perros. Género Perro. 293


vela, ronda, siente desde lejos á los extraños, y por poco que estos se detengan ó intenten saltar los muros, se abalanza, se opone, y con ladridos reiterados, con esfuerzos y gritos de cólera, da á conocer el peligro, avisa y pelea: tan furioso contra los ladrones como contra los animales carniceros, se precipita sobre ellos, los muerde, los despedaza y les quita lo que procuraban llevarse; pero satisfecho con, haber vencido, descansa sobre los despojos, sin tocar á ellos, ni aun para satisfacer su apetito, y da á un mismo tiempo ejemplos de valor, de fidelidad y de templanza.
Suponiendo por un instante que el Perro no hubiese existido nunca, se conocería desde luego la importancia de esta especie en el orden de la naturaleza. ¿Cómo hubiera podido el Hombre, sin el auxilio del Perro, conquistar, domar y reducir á la servidumbre á los demás animales? ¿Cómo podría aun actualmente, descubrir, cazar y destruir los animales feroces y dañinos? Para vivir con seguridad y para dominar sobre el universo viviente, ha sido preciso empezar por formarse un partido entre los animales, atraer con blandura y caricias á los que se han hallado mas capaces de amor y de obediencia, á fin de oponerlos á los demás: el primer arte del Hombre ha sido, por consiguiente, la educación del Perro; y el fruto de este arte, la conquista, y la posesión pacífica de la tierra.

Los animales, por lo común, tienen mas agilidad, velocidad, fuerza y aun valor que el Hombre, habiéndoles armado mejor la naturaleza, y dádoles sentidos mas perfectos, sobre todo el del olfato; y por tanto, el haber subyugado una especie valerosa y dócil, como la del Perro, es haber adquirido nuevos sentidos y facultades de que carecíamos. Las máquinas, los instrumentos que hemos imaginado para perfeccionar nuestros demás sentidos y aumentar su extensión, no equivalen, por lo tocante á la utilidad, á estas máquinas ya hechas y dispuestas que la naturaleza nos presenta, y que supliendo la imperfección de nuestro olfato, nos han suministrado grandes y perpetuos medios de vencer y de reinar; y el Perro, fiel al Hombre, conservará siempre una porción del imperio, un grado de superioridad sobre los demás animales. El los manda: él mismo reina al frente del rebaño, y hace que se oiga mejor su voz que la del pastor: la seguridad, el orden y la disciplina son frutos de su vigilancia y de su actividad: el rebaño es un pueblo que le está sujeto, que él conduce y protege, y contra el cual no usa nunca de la fuerza sino para conservar la paz.

En la pelea principalmente, y en las ocasiones de lidiar contra los animales enemigos ó independientes, es donde brillan su inteligencia y su valor, y donde su talento natural se uno con las cualidades adquiridas. Desde que suena el ruido de las armas, y la trompa de caza, ó la voz del cazador hacen señal de una guerra próxima, el Perro, animado de nuevo ardor, manifiesta su júbilo con el mas vivo enagenamiento, anunciando con sus movimientos y gritos la impaciencia por combatir, y el deseo de vencer: después camina con silencio, procura reconocer el terreno y descubrir y sorprender al enemigo en su fortaleza; investiga sus huellas, las sigue paso á paso y por medio de acentos diferentes, indica el tiempo, la distanciadla especie, y hasta la edad del enemigo á quien persigue.

Este, intimidado, perseguido y desesperando de hallar su salvación en la fuga, se vale tambien de todas sus facultades, y opone el ardid á la sagacidad. Nunca fueron tan admirables los recursos del instinto: para hacerle perder su rastro, el animal va, viene y vuelve por el mismo camino: da brincos, quisiera desprenderse de la tierra y suprimir los espacios: salva de un salto los caminos y las vallas, y pasa á nado los rios y los arroyos; pero perseguido siempre, y no pudiendo aniquilar su cuerpo, solicita poner otro en su lugar: él mismo va á turbar el reposo de un vecino mas joven y menos esperimentado: le hace levantar, caminar y huir en su compañía; y cuando han confundido sus rastros, cuando cree haberle substituido á su desgraciada fortuna, le deja con mas precipitación que le buscó, á fin de hacerle único objeto y víctima del enemigo engañado.

Mas el Perro, con la superioridad que dan el ejercicio y la educación, y con aquella sensación fina que le es peculiar, no pierde el objeto que persigue: distingue los puntos comunes, desata los nudos del hilo Tortuoso que puede conducirle: ve con el olfato todas las vueltas y revueltas del laberinto, y todos los caminos ungidos en que se le ha querido estraviar; lejos de abandonar al enemigo por un indiferente, después de haber triunfado del ardid, se indigna, aumenta su ardor, le alcanza por fin, le embiste, le mata y apaga su sed y su odio en la sangre de la víctima.
La propensión á la caza ó á la guerra, nos es común con los animales: el Hombre salvaje no sabe mas que combatir y cazar: todos los animales carnívoros, que tienen armas y fuerza, cazan naturalmente: el León y el Tigre, cuya fuerza es tan grande que están seguros de vencer, cazan solos y sin arte; los Lobos, las Zorras y los Perros monteses se reúnen, se entienden, se ayudan, se remudan y parten la presa; y cuando la educación ha perfeccionado este talento en el Perro doméstico, cuando se le ha enseñado á reprimir su ardor, á medir sus movimientos, y acostumbrádole á una marcha regular, y á la especie de disciplina necesaria para este arte, caza con método, y siempre con felicidad.
En los paises desiertos, en las regiones despobladas, hay Perros monteses que por sus costumbres, no difieren de los Lobos, sino en la facilidad con que se domestican. Estos se. reúnen también en manadas mas numerosas para cazar y atacar á viva fuerza á los Jabalíes, los Toros silvestres y aun á los Tigres y Leones. En América, estos Perros monteses son de raza antiguamente domesticada, que fue conducida de Europa; y habiendo dejado algunos abandonados ú olvidados en aquellos desiertos, se han multiplicado en ellos de tal modo, que andan en manadas en los paises habitados, donde acometen al ganado, é insultan hasta á los Hombres, siendo necesario, por consiguiente alejarlos con la fuerza y matarlos como á les demás animales feroces. Tales son, en efecto, los Perros mientras no conocen al Hombre; pero acercándoseles este con blandura y caricias, se amansan, se familiarizan en breve, y permanecen fielmente unidos á sus dueños; en vez de que el Lobo, aunque se tome joven y se crie en las casas, no es apacible sino en su primera edad, no pierde nunca su inclinación á la presa, y tarde, ó temprano se entrega á su propensión, esto es, á la destrucción y rapiña.
Puede decirse que el Perro és el único animal, cuya fidelidad supera toda prueba: el único que conoce siempre á su dueño y á los amigos de su casa: el único que percibe la llegada de un desconocido: que entiende su nombre, y reconoce la voz doméstica: que no se confia de sí mismo: que cuando ha perdido á su amo, y no puede hallarle, le llama con gemidos: que en un viaje largo, que no haya hecho mas de una vez, se acuerda del camino y halla la senda: el único en fin, cuyo talento natural es evidente, y la educación siempre feliz.

Asi como, entre todos los animales, el Perro es el de índole mas capaz de recibir impresión, y el que con mas facilidad se modifica por las causas moral es, asi también es entre todos el de naturaleza mas espuesta á las variedades y alteraciones causadas por

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Cuando diciembre se va tiritando, año bueno viene anunciando.
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