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Mamiferos. Carniceros. Tercer Suborden: Carnívoros. Familia Digitígrados. Tribu Martas. Género Marta. 281


manece de centinela, y á menudo se oye un tiro que anuncia la aproximación de algún oso, ó de alguna manada de hambrientos Lobos. También suele suceder que ningún ruido particular turba el profundo silencio de la noche, como no sea el susurro del viento Norte que sopla en la nieve, ó un pequeño murmullo encima del lienzo de la tienda. En este caso, después de haber dormido perfectamente los cazadores, despiértanse muy entrado el dia, llaman al centinela, pero nadie responde; oprímense sus corazones y salen presurosos, pues harto saben lo que significa aquel silencio. Su compañero está allí sentado en el derribado tronco de un abeto; ha cumplido bien su obligación de vigilante, supuesto que tiene el fusil sobre las rodillas, el dedo en el gatillo y la vista fija en el monte donde resuenan los nocturnos ahuílidos de los Lobos; sin embargo, no es ya un hombre el que está de centinela, sino una masa de hielo. Sus compañeros, después de derramar una lágrima por su triste fin, lo abandonan allí sentado en el desierto, dejando su sepultura para después de seis meses, cuando á la vuelta un frio menos intenso permita abrir una hoya en el hielo. Entonces todavía lo hallan en el mismo sitio, actitud y estado, como algún Oso no haya probado á hincar el diente en sus carnés blancas y sonrosadas, aunque duras como de piedra.

Finalmente, después de mil peligros terribles, llega la reducida comitiva á un país cruzado por arroyos y cordilleras; entonces los cazadores mas expertos trazan el plan de una miserable cabaña, que construyen con perchas y troncos de añosos abedules medio carcomidos; cubren la techumbre con yerbas secas y musgos, y dejan enmedio y en el punto mas elevado una abertura para dar salida al humo. Sirve de puerta otra abertura por la cual no puede pasarse sino arrastra. Fuera de estas dos no hay otra ninguna que dé paso al aire y a la luz. Ahí es donde quince desventurados pasan los cinco ó seis meses mas rígidos del invierno, soportando una temperatura que desciende sucesivamente hasta 20 y 25 grados, bajo cero del termómetro de Reaumur. Terminada la construcción de la cabaña, cuando el caldero cuelga en el centro de la misma encima del hogar, para derretir el hielo que debe proporcionarles agua; cuando el musgo y los liquenes están dispuestos para formar las camas, entonces los cazadores parten juntos á visitar sus nuevos dominios, dividiéndolos en tantas porciones cuantos son los individuos. Después de haber trazado definitivamente los límites, se distribuyen dichos terrenos por suertes, quedando á cada cual lo que le toca en propiedad durante la temporada de la caza, sin que ninguno se atreva á meterse en la del vecino. Emplean todo el dia tendiendo lazos allí donde advierten en la nieve pisadas de Martas, Armiños y Zorras azules. Además, persiguen también á estos animales en los bosques á tiros, cosa que requiere suma destreza, pues para no echar á perder la piel se ven obligados á tirar sin bala. Por la noche se reúnen todos en la cabaña, y lo primero que hacen es mirarse mutuamente la punta de la nariz; si hay alguno que la tenga blanca como la cera y algo transparente, de seguro la tiene helada sin que él lo haya advertido. En tal caso no le permiten acercarse al fuego, sino que le aplican en la nariz una compresa de nieve que se va renovando á medida que se derrite, hasta que la parte afecta haya recobrado su color natural; pero á pesar de estos cuidados es raro que la caravana á su regreso por la primavera no lleve consigo algunos estropeados. En los inviernos extremadamente rigurosos, ha sucedido muy á menudo quedarse helados todos los individuos que la componen debajo de las tiendas, y á veces enterrados la nieve. Las penas morales de los desterrados añaden su funesto influjo á los padecimientos de ese clima horroroso, sumergiendo á los cazadores en el mayor desaliento, desde el cual á la muerte no hay mas que un paso en aquellas espantosas soledades. Cuando alguno de aquellos infelices agoviado de fatiga, se sienta al pié de un árbol y se entrega primero al llanto y después al sueño, indudablemente no despierta jamás.

MARTA DE CUELLO DORADO.
Mustela flavigula (Bodd.); Mustela Hardwickii(Horf.)

Es negra y tiene el cuello, el vientre y el dorso amarillos; las mejillas, blancas. Su longitud es de unas veinte y dos pulgadas, sin contar la con que tiene, igual dimensión. Vive en Nepaul, y sus costumbres son iguales á la de la Marta común.

MARTA PESCADORA.
Mustela piscatoria (Less.); Mustela, melanorhyncha (Bodd.)

Acaso sea solo una simple variedad de la Zibelina, aunque pertenece á la América septentrional. Es negra, con la cara y lados del cuello de color ceniciento con mezcla de negruzco; tiene las orejas redondeadas, anchas y negras en la circunferencia; bigotes largos y sedosos, la cola muy poblada, y los pies anchos y velludos. Tiene las mismas costumbres que la Zibelina.

PEKAN.
Mustela canadensis (Lin.—Buff.)

Es algo mayor que las especies precedentes; las patas, la cola, la parte inferior del cuerpo y el hocico son de color castaño muy subido; las orejas blanquizcas y el resto del cuerpo castaño parduzco con mezcla de negro y muy vario, el cual alguna vez pasa á negro; también algunos individuos presentan una mancha en el cuello. Vive esta especie á orillas de los rios y lagos, en madrigueras que sabe fabricarse. Habita en el Canadá y en los Estados Unidos del Norte.

MARTA DE LOS HURONES.
Mustela huro (F. Cuv.)

Es sumamente rubia con las patas y la cola de un rubio mas subido y á veces de color castaño. Esta especie varía mucho en cuanto al colorido; así es que se ven en algunas cuyas partes inferiores sonde color mas subido que las superiores, y otras cuyos colores están en una disposición inversa; la cabeza es algunas veces blanquizca, y también del todo blanca. Habita en la América del Norte.

MARTA GRIS.
Mustela poliocephala (Less.); Viverra poliocephala (Traill.)

Esta especie tiene las piernas mas altas que las demás; el cuerpo negro, la cabeza y cuello grises, en el cuello una mancha amarilla circundada de negro de azabache; tiene el pelo muy largo en la nuca, donde forma como una especie de collar. Encuéntrase en los bosques de Demerary, en la Guyana.

ZORRA.
Mustela sinnensis (Humb.)

Tiene el cuerpo menos vermicular que las otras Martas; es de color pardo negruzco uniforme, con el

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Ni te fíes de hombre chico, ni te subas en borrico.
En abril, aguas mil.
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