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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Genero Pongo. 169

cesivo; tanto que cuando los negros quieren cogerlos matan á aquellas, porque saben que, por efecto de un amor filial que nos conmueve, los infelices huérfanos se estrechan y no aciertan á separarse del cadáver de la que les dio el ser. Dícese que la preñez de las hembras es de siete á nueve meses, y que por lo común no paren mas que un hijuelo, al que cuidan durante dos años con el mayor esmero, vigilando con todo cuidado hasta sus menores movimientos. Asegúrase también que lejos de abandonarse á la efervescencia de sus pasiones como las de los demás monos, guardan la mayor moderación, y tienen sentimientos de pudor que honrarían á la especie humana. Con todo, el pudor no es una de las virtudes de los pueblos que se han quedado estacionarios en sus ideas primitivas; debe su origen á la delicadeza de sentimientos, que es el resultado de la civilización, y nada tendría de maravilloso que los Kimpezeis violasen aquellas leyes sin infringir las de la naturaleza.

A aquellas felices disposiciones de los primeros años ó á la circunspección que caracteriza entonces sus acciones, reemplazan las costumbres silvestres que todos los autores de conformidad suponen en los individuos adultos. Su independencia halla un abrigo en lo profundo de sus bosques contra las asechanzas de los negros, sus enemigos naturales. Allí se reúnen en bandadas, y se construyen una especie de chozas con ramas de árboles ó cuelgan de ellas la especie de hamaca en que duermen. Diestros en hacer armas con las ramas, ahuyentan de sus asilos á los hombres ó animales que tratan de perturbar su sosiego, y se dice que sus brazos nerviosos las manejan con destreza y que saben tirar con acierto gruesas piedras. Poco sufridos cuando se les saca de sus costumbres, tienen entre los negros, que les temen, la fama de feroces é intratables. Es poco probable lo que dicen, sino se supiera por el ejemplo del grande Orangután de Sumatra, que un Kimpezei de seis pies de alto debe tenor efectivamente una fuerza considerable. Creemos, sin embargo, que no debe prestarse una entera confianza á lo que cuentan muchos viajeros acerca de robos de negras jóvenes ó de negrillos á quienes hubiesen tratado con cariño en el fondo de sus bosques, y estamos dispuestos á mirar como un cuento la historia de la negra que se dice vivió tres años con un mono de aquella especie enamorado de sus gracias, y para la cual construyó una cabaña de ramas.

Siendo las costumbres de aquellos Orangos tan imperfectamente conocidas, no es de esperar que pueda calcularse la duración de su vida si no es por analogía con la del Hombre, tomando por punto de partida el acrecentamiento de un Kimpezei, joven comparado con el de un niño de la misma edad; y de este examen se saca, con aproximación á la verdad, un termino medio de unos treinta años.

En los bosques en que viven se avienen los Kimpezeis á cualquier alimento: las frutas, la goma arábiga, los huevos de pájaros de que se apoderan con destreza, los reptiles y moluscos terrestres, forman la base de su existencia. También se dedican algunas veces con fruto á la pesca; y se citan algunas pruebas de grande inteligencia y de habilidad para comer los moluscos y coger conchas bivalbas.
Un Kimpezei que murió en Liverpool en 1818, y que habia sido comprado por un inglés en la isla de los Príncipes, proporcionó al doctor Traill ocasión de publicar observaciones que están conformes en gran parte con las de Bufón: se diferencian principalmente en que el individuo estudiado por Mr. Traill tenia la mayor oposición á tenerse derecho. Cuando andaba, no apoyaba en el suelo las plantas de las manos ni las de los pies, sino que, cerrando con fuerza los dedos, se apoyaba enteramente sobre los puños (Lesson).

Battel dice, entre otras cosas que desechamos, que cuando los negros encienden hogueras en los bosques, estos pongos acuden á sentarse junto á ellas para calentarse, pero no tienen bastante instinto para mantener el fuego echando leña; que caminan acompañados, y á veces en los parajes solitarios matan algunos negros; que acometen al Elefante á palos, y le echan de sus bosques; que no se puede coger á estos pongos vivos, porque son muy fuertes, tanto que apenas bastarían diez hombres para domar uno solo, por lo cual no se pueden coger sino mientras son muy pequeños; que la madre los lleva caminando derecha, y que los hijos se mantienen asidos á su cuerpo con las manos y las rodillas; que cuando muere uno de estos animales, los otros cubren su cadáver con porción de hojas y ramas.

El que yo vi, añade el Plinio francés, caminaba siempre derecho, aun llevando en las manos cosas de peso; su aspecto era bastante triste, su caminar grave, sus movimientos medidos y su índole apacible, muy diferente de la de otros monos: no tenia la impaciencia del Magote, la malignidad del Babuino, ni la extravagancia de los Micos. Acaso me dirán, que habia sido enseñado y que habia aprendido bien; pero los otros monos que acabo de citar y con quienes le comparo, habian tenido igualmente su educación. Las señas y las palabras bastaban para que nuestro Orangután ejecutase lo que se le mandaba, al paso que se necesitaba usar del bastón para el Babuino y del látigo para todos los demás, pues casi no obedecían sino á fuerza de golpes. Yo vi á este animal presentar su mano para acompañar á las personas que venían á visitarle y pasearse con ellas gravemente como de compañía; le vi sentarse á la mesa, desdoblar su servilleta, limpiarse con ella los labios, servirse de la cuchara y del tenedor para comer, echar él mismo la bebida en un vaso, tocar con él cuando se le convidaba á brindar, levantarse para ir á tomar una taza y un platillo, llevarle á la mesa, poner azúcar, echar té y dejarle enfriar para beberle; y todo esto sin mas instigación que las señas ó la voz de su dueño, y á veces de su propia voluntad. No hacia mal á nadie, antes bien se acercaba con cierta especie de circunspección, y se presentaba como para pedir que le acariciasen. Era sumamente aficionado á dulces, y todos le daban; y como tenia una tos frecuente y lastimado el pecho, esta gran cantidad de sustancias azucaradas contribuyó sin duda á abreviarle la vida: no vivió en París mas que un verano, y murió en Londres el invierno siguiente. Gomia de todo, aunque prefería las frutas mas duras y las secas; bebía vino en corta cantidad y le agradaba mas la leche, el té y cualquier licor dulce.

El Kimpezei habita solamente aquella parte intertropical de la costa occidental de África, en que empieza el golfo de Guinea, sin pasar al Norte el imperio de Burun y sin avanzar al Sur mas allá de la costa Desierta : está como confinado en los bosques del Congo, Loango, Angola y la Guinea.

GÉNERO PONGO
Pongo (Lacép.)

ESTE género difiere del de los Orangos en tener el ángulo facial solo de 30 grados, y en estar la cara provista de bolsas ó buches. Además sus colmillos son muy gruesos; sus crestas, superciliar, sagital y occipital sumamente marcadas; tiene bolsas tiroideas en la laringe, y los dedos del pié no están reunidos como en el Siamang.

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