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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Kimpezei. 168

tá completamente desnudo. Un abultamiento de los músculos gemelos y solearlo forma pantorrillas bastante llenas. Sus miembros, en continuo ejercicio en el seno de los bosques, adquieren aquella agilidad y fuerza que han hecho temibles á los negros de África los individuos adultos de aquella especie de Monos grandes.»

Pero no se dé demasiado valor á estas semejanzas que hace advertir uno de los que han tratado de enaltecer este animal hasta el nivel del Hombre. «Ahora, dice Bufón, para que se pueda pronunciar todavía con mas conocimiento sobre su naturaleza, vamos á esponer también todas las conformidades que la aproximan. Difiere del Hombre á lo exterior en la nariz, que no es prominente; en la frente, que es demasiado corta; en la barba, que no es elevada en su base; en las orejas, proporcionalmente demasiado grandes; en los ojos, demasiado cercanos uno á otro; y en el intervalo que hay entre la nariz y la boca, por su demasiada extensión: estas son las únicas diferencias que hay entre la faz de este Orang y el rostro del Hombre. El cuerpo y los miembros difieren en que los muslos son proporcionalmente demasiado cortos, los brazos muy largos, los pulgares demasiado pequeños, las palmas de las manos demasiado prolongadas y estrechas, y los pies formados mas bien como manos que como pies de hombre. Las partes de la generación del macho no se diferencian de las del Hombre sino en no haber frenillo en el prepucio; y las de la hembra son, en lo exterior, enteramente semejantes á las de la mujer.

En lo interior, esta especie difiere de la humana, en el número de las costillas, pues el Hombre solamente tiene doce, y el Orang trece: también las vértebras del cuello son mas cortas, los huesos del bacinete mas estrechos, las caderas mas aplastadas, y las órbitas de los ojos mas hundidas, y carece de apófisis espinosa en la primer vértebra del cuello. Los riñones son mas redondos que los del Hombre, y los uréteres de diferente figura, como también la vejiga y la vesícula de la hiél, mas estrechas y mas prolongadas. Todas las demás partes del cuerpo, de la cabeza y de los miembros, tanto exteriores como interiores, son tan perfectamente parecidas á las del Hombre, que no se las puede comparar sin asombro y sin admirarse de que de una conformación tan igual, y de una organización absolutamente idéntica, no resulten iguales efectos. Por ejemplo, la lengua y todos los órganos de la voz son lo mismo que en él Hombre; y sin embargo el Orang no habla: el cerebro es absolutamente de la misma forma y proporción, y con todo no piensa. ¿Cabe prueba mas evidente de que la materia sola, aunque perfectamente organizada, no puede producir el pensamiento, ni tampoco la palabra, que es su signo, á menos de ser animada por un principio superior? El Hombre y este animal son los únicos que tienen nalgas y pantorrillas, y que por consiguiente están formados para caminar derechos; los únicos que tienen ancho el pecho, planas las espaldas, y formadas igualmente las vértebras los únicos cuyo cerebro, corazón, pulmones, hígado, bazo, páncreas, estómago é intestinos son absolutamente iguales; y los únicos que tienen apéndice vermicular en el ccecum. En fin, el Orang se semeja mas al Hombre que á ningún otro animal, y mas aun que á los Babuinos y los Micos, no solo por todas las partes que acabo de indicar, sino también por lo ancho del rostro, por la figura del cráneo, de las mandíbulas, de los dientes, y de los demás huesos dé la cabeza y de la faz; por el grueso de los dedos y del pulgar; por la figura de las uñas; por el número de las vértebras sacras y de los lomos; por el de los huesos del coxis; y en fin por la conformidad en las articulaciones, en el tamaño y la figura de la rótula, en la del esternón; etc.; de suerte que, comparando este animal con los que mas se le semejan, como el Magote, el Babuino ó el Mico, se hallará que todavía tiene mas conformidad con el Hombre que con estos animales, cuyas especies parecen, sin embargo, tan cercanas á la suya, que á todos se les ha designado con el mismo nombre de Monos. Por esto merecen disculpa los indios de haberle asociado á la especie humana con el nombre de Orangután, (hombre silvestre), pues en la figura corporal se parece mas al Hombre que á los demás Monos, y á cualquiera, otro animal.

De esta esposicion se deduce lo que se debe pensar de este animal. Si hubiese un grado por el cual se pudiese bajar de la naturaleza humana á la de los animales, y si la esencia de esta naturaleza consistiese enteramente en la forma del cuerpo, y dependiese de su organización, este Mono se hallaría mas cercano al Hombre que á ningún animal; y colocado en la segunda clase de los seres, si no podía mandar en jefe, a lo menos haría sentir á los otros su superioridad, esforzándose en no obedecer. Si la imitación, que parece copiar tan de cerca el pensamiento, fuese su verdadero signo, ó uno de sus resultados, este Mono se hallaría todavía á mayor distancia de los animales y mas cercano al Hombre. Pero, como dejamos dicho, el intervalo que le separa realmente de él no es menos inmenso, y la semejanza de la forma, la conformidad de la organización y los movimientos de imitación que parece resultan de estas semejanzas, ni le acercan á la naturaleza del Hombre, ni tampoco le elevan sobre la de los animales.»

Por todas estas consideraciones, Brookes, en su sistema de Historia natural puso el Hombre en la clase de los Monos, pero habiéndole reprendido vivamente el príncipe real de Inglaterra, contestó el naturalista: «Señor, me rindo á la fuerza de vuestras objeciones, y en favor vuestro arreglaré de otro modo mi disposición colocando los Monos en la clase del Hombre.»

En cuanto á las costumbres del animal de que nos ocupamos, son casi enteramente desconocidas, ó á lo menos lo que sabemos de ellas está mezclado con tantas mentiras y fábulas, que es muy difícil poder fundar una opinión de un modo satisfactorio. Desde la época en que Buffon escribió, no hemos adquirido el menor dato sobre las costumbres y modo de vivir de un animal que seria para nosotros muy importante el conocer.

En sus primeros años es notable este Mono por su dulzura, y por su carácter confiado y dócil; el aire de melancolía que domina en su semblante inspira en su favor el mayor interés; procura imitar los actos que ve reproducir, y graba en su cerebro ciertos hechos de que conserva recuerdos. Reconocido y sensible á las caricias, no se olvida de los beneficios que le han hecho, así como los malos tratamientos le inspiran el mayor odio contra el que se los ha causado; y en aquelia edad feliz en que se imitan con mas gusto los malos ejemplos que los buenos, se entrega, fácilmente á la intemperancia hasta el extremo de familiarizarse con las bebidas menos convenientes á su estómago. Se acomoda á todas las vicisitudes de la fortuna, á todas las circunstancias de la vida; compañero del marinero, se acuesta en su hamaca, se mece en las cuerdas, desafía los repentinos chubascos de los trópicos, y roe con apetito el pedazo de galleta que comparten su amo y él; trasportado á casa de los halagados por la fortuna, se acomoda pronto á su nuevo estado y se le ve buscar con el mismo afán frutas, comidas refinadas, dulces y aun licores. Sus miembros, ágiles y bien dispuestos, aprenden fácilmente á ejecutar lo que se le enseña; se acostumbra también á tener el cuerpo en equilibrio y á caminar derecho con mas facilidad. El amor que profesan á sus madres los Kimpezeis jóvenes parece que es es

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