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Buffon: Mamiferos. Cuadrumanos. Genero Orang o Satiro. 162

A estos hechos únicamente se limitan nuestras observaciones acerca de los medios de defensa que tienen los Orangutanes; pero me parece que son suficientes para penetrarse de que estos animales pueden suplir con los recursos de su inteligencia, lo que les ha negado su organización física.

Las necesidades naturales de estos cuadrumanos son tan fáciles de satisfacer, que deben hallar en su organización bastantes medios para no verse obligados á emplear activamente bajo este concepto sus demás facultades. Las frutas son los principales alimentos de que viven; y según ya dejamos dicho sus miembros están esencialmente organizados para subirse á los árboles. Es, pues, verosímil que en su estado de naturaleza, empleen mucho mas estos animales su inteligencia para evitar los peligros que para subvenir á sus necesidades. Pero todas las relaciones deben necesariamente cambiar cuando entran en sociedad bajo la protección del Hombre: sus peligros se disminuyen, y se aumentan sus necesidades. Esto mismo nos lo prueban todos los animales domésticos, y lo que con mayor fundamento debia acreditarnos el Orangután. En efecto, su inteligencia tiene muchas mas ocasiones de emplearse para satisfacer sus deseos que para libertarse de los peligros. Debo colocar en esta, primera división un fenómeno que podría depender del instinto, el único de este género que este animal me ha dado. Mientras que la estación no permitió que se le dejase salir, tenia una costumbre singular, y cuya causa habría sido difícil adivinar: era la de subirse á un escritorio viejo para escrementar allí; pero luego que la primavera trajo el calor y se le dejó en libertad para salir del aposento, se vio la razón de este singular proceder. Jamás dejó de subirse á un árbol para satisfacer las necesidades de esa naturaleza; como que se empleó este medio con buen resultado para corregir su estreñimiento habitual.

Hemos visto que una de las principales necesidades de nuestro Orangután era la de vivir en sociedad, y de aficionarse á las personas que le trataban con benevolencia. Profesaba á Mr. Decaen un afecto casi esclusivo, y de ello le dio muchas veces testimonios singulares. Un dia entró este animal en la habitación de su amo, que aun estaba en la cama; y enajenado de gozo saltó encima, le abrazó con fuerza, y aplicando sus labios al pecho, empezó á chupártela piel como frecuentemente hacia con los dedos de las personas que le agradaban. En otra ocasión dio aquel animal á Mr. Decaen una prueba aun mas evidente de su cariño. Tenia la costumbre de presentarse á las horas de comer, que sabia muy bien, para pedir á su amo algunas golosinas. Para esto se subía por detrás á la silla en que Mr. Decaen estaba sentado, de suerte que no podia verlo: allí sentado recibía los regalos que querían darle. A su llegada á las costas de España se vio Mr. Decaen obligado á ir á tierra, y le reemplazó en la mesa otro oficial del buque: el Orangután, según acostumbraba, entró en la cámara, y fue á sentarse sobre el espaldar de la silla en que suponía que su amo estaba sentado; pero luego que advirtió su engaño y que Mr. Decaen no estaba, se negó á comer nada, se echó en el suelo y daba gritos de sentimiento golpeándose la cabeza. Con frecuencia le vi manifestar así su impaciencia cuando le negaban alguna cosa que deseaba mucho y que habia pedido. ¿Habría podido obrar así este Orangután por una especie de cálculo? Casi podria creerse, porque cuando estaba colérico levantaba la cabeza de vez en cuando, y callaba para mirar á las personas que estaban á su inmediación y ver si habia producido algún efecto en ellas y se disponían á ceder: cuando le parecía no notar síntomas favorables en las miradas ó acciones de las personas, volvía á gritar como antes.

Esta necesidad de afecto inducía ordinariamente á nuestro Orangután á buscar á las personas que conocía y huir de la soledad, que parecía le era muy desagradable, y le impelió un dia á emplear su inteligencia de un modo muy notable. Le tenían en una pieza inmediata al gabinete en que ordinariamente se reunía la tertulia; muchas veces se habia subido á una silla para abrir la puerta del gabinete; el sitio ordinario de la silla estaba cercado aquella puerta, la cual se cerraba con un pestillo. Para evitar que entrase, quitaron una vez la silla del lado de la puerta; pero no bien la hubieron cerrado cuando la vieron abierta, y al Orangután que se bajaba de aquella misma silla que habia arrimado para ponerse al alcance de la cerradura. No cabe duda que jamás se le habia enseñado á obrar de aquel modo, y que no lo habia visto hacer á nadie. Todo lo que habia podido aprender por su propia esperiencia es que, subiéndose á una silla podia ponerse al nivel de las cosas que estaban mas altas que él, y habia podido ver por las acciones de los otros que las sillas eran trasportables de un sitio á otro, y que la puerta de que se trata se abria apretando el pestillo: todo ló demás del hecho fue calculado por él. Los hombres, por lo demás no son los únicos seres diferentes de los Orangutanes, á quienes estos pueden apegarse: nuestro animal había tomado á dos gatillos un cariño que no siempre le era grato. Ordinariamente tenia al uno ó al otro en brazos, y otras veces se divertía en ponérselos sobre la cabeza; pero en aquellos diferentes movimientos temían los gatos caerse, y se agarraban con las uñas al pellejo del Orangután, el cual sufría con paciencia el dolor que le causaban. Dos ó tres veces en verad, examinó con atención las manos de aquellos animalitos; y después de haber descubierto sus uñas, trató de arrancárselas, aunque solamente con los dedos: como no pudo hacerlo, prefirió tener paciencia á sacrificar el gusto de jugar con ellos. Parecía que el instinto tenia alguna parte en el movimiento que le impulsaba á ponerse los gatillos encima de la cabeza. Si algunos papeles pequeños le venian á las manos, se los ponia sobre la cabeza; si llegaba á una chimenea, tomaba las cenizas á puñados y se cubría con ellas la cabeza; y lo mismo hacia con la tierra, con los huesos que habían roido, etc.

Hemos dicho, que para comer tomaba sus alimentos con las manos ó con los labios: no era muy hábil en el manejo de nuestros instrumentos de mesa, y en este concepto estaba en el caso de los salvajes á quienes se ha querido hacer que coman con nuestros cuchillos y tenedores; pero su inteligencia suplia lo que le faltaba de destreza, y cuando los alimentos que estaban en su plato no se colocaban fácilmente en su cuchara, se la daba á su vecino para que se la llenase. Bebia muy bien en un vaso, teniéndole con ambas manos. Un dia, después de haber puesto su vaso sobre la mesa, vio que no estaba á plomo y que se iba á caer, y puso la mano por el lado inclinado del vaso para sostenerle. El primero de estos hechos se ha repetido aquí á presencia de muchas personas, y el segundo me lo ha referido Mr. Decaen.

Casi todos los animales tienen necesidad de preservarse del frió, y es muy verosímil que los Orangutanes están en este caso, sobre todo en tiempo de lluvias. Ignoro cuales son los medios que estos animales emplean en su estado de naturaleza para preservarse de la intemperie de las estaciones. Nuestro animal se habia acostumbrado á envolverse en mantas, y tenia una continua necesidad de hacerlo así. En el buque se apoderaba de cuanto le parecía bueno para taparse; así es que, cuando algún marinero habia perdido alguna ropa, casi siempre podia asegurarse que la encontraría en la cama del Orangután. El cuidado que este animal tenia de taparse le

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