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Buffon: Mamiferos Generalidades. Ojeada general sobre los mamiferos. Clasificación Adoptada. Genero, especie, variedad. 139

obrar que para reflexionar, sus miembros son proporcionalmente mas robustos que los del Hombre; por otra parte, el ejercicio, en los animales salvajes, y especialmente en los carnívoros, desarrolla fuertemente su vigor muscular, los hace mas sanos, mas capaces para resistir la intemperie de las estaciones y los choques interiores. A medida que estas cualidades corporales se fortifican mas, las interiores de sensibilidad, delicadeza nerviosa, se disminuye, casi se estingue, como se puede observar comparando un recio y vigoroso trabajador con un literato ó con una mujer delicada y espiritual: así como el primero, á la manera de los animales, tiene robusto su cuerpo sucede que nuestra especie, perfeccionándose, gana en las propiedades del espíritu; mas por la misma causa el Hombre está mas espuesto á los desarreglos que producen las enfermedades. Tal es el inevitable resultado de nuestra civilización; y se ha observado que algunos hombres de talento no podían conservarse en buen estado de salud, sino, digámoslo asi, embruteciéndose: tampoco se cura el mayor número de enfermedades nerviosas, como es notorio, sino observando una vida animal.

Aun cuando los cuadrúpedos sean tan inferiores á nuestra especie, sin embargo entre lodos los animales son los mas a propósito para entendernos. El ave tiene ya menos relaciones con nosotros; y por mucha inteligencia que se le conceda al Papagayo ó Canario domesticados, por mucha que sea la familiaridad que tengan adquirida, siempre les aventajarán en esto las calidades del Perro, del Castor ó del Elefante. Número bastante menor de relaciones con nosotros manifiestan tener los reptiles, los pescados y los insectos que las aves; pues aquellos parece que pertenecen ya á otras sociedades naturales. De aquí se deduce que, cuanto mas se aproxima un animal á nosotros, y cuanta mas facilidad tenga para comprendernos, mas le modificamos. Casi nada podemos influir sobre la parle moral del insecto, del pescado y del reptil; sobre el ave ya ejercemos alguna influencia; pero á los cuadrúpedos les comunicamos muchos conocimientos. Estos no son meros autómatas; ya son capaces de instruirse y susceptibles de cierta clase de perfección: se podría establecer que el cuadrúpedo es el intermedio entre la materia grosera, que forma el cuerpo de los animales, y la esencia divina que constituye el alma humana; porque no existe con esa vida estúpida, totalmente brutal de las otras especies, limitadas en general á comer y á morir.

Todos los mamíferos tienen cinco sentidos; pero no con igual grado de fuerza: las especies que, cual el Macho montes y la Gamuza, viven en las montañas, y cuya carrera es rápida y vagarosa, tienen la vista présbite ó ven mas de lejos que de cerca: al contrario las razas pesadas que pueblan los valles, como los Cerdos y Rinocerontes, ven mejor cuanto mas cerca: y aquellos cuyos ojos son muy sensibles a una luz demasiado viva, y que se ofuscan con el esplandor del dia, no salen mas que de noche como los feos Murciélagos; yaun se esconden algunos debajo de tierra, como el Armadillo y los Erizos. Las razas mas débiles, siendo por eso mas tímidas, se valen mas del oido, para evitar los peligros: la Liebre; el Conejo, el Gerbo, el Ratón y otros roedores aguzan sus orejas al menor ruido para huir; mientras que las razas potentes y valerosas como el León, los Tigres, Gatos y Linces, cuya vista es perspicaz hasta en la oscuridad de la noche, tienen orejas pequeñas y débil oído; porque la energía de un sentido compensa ordinariamente la debilidad del otro. Poroso los hombres que ciegan oyen muy sutilmente, y los sordos ejercitan mucho su vista: el Topo, que apenas tiene unos meros rudimentos de ojos, posee oido muy fino. En las bestias el olfato es muy fino para sus alimentos y para el amor: ningún placer halla el Perro en oler la tuberosa ó el clavel; pero sí en la carne, aunque esté podrida, y en olfatear su hembra. El sentido del gusto se convierte en apetito voraz y sanguinario en los carnívoros, y los herbívoros necesitan una delicadeza esquisita en este sentido para discernir la planta alimenticia de la venenosa.

De tal modo la naturaleza proporciona la constitución de cada individuo al destino que le ha señalado sobre la tierra: ella viste al cuadrúpedo de pelo menos espeso en los paises cálidos y en verano, como lo vemos en el Perro turco, el Elefante ó los Monos que habitan bajo los trópicos; y de pieles mas gruesas y cálidas en el invierno y bajo las zonas frías, como se ve en la Marta-civelina, los Osos y la Zorra gris: si priva al Armadillo y al Pangolin de dientes, los cubre con una coraza ó loriga; si ha hecho débil y casi indefenso al Erizo y al Puercoespin, les dotó, en cambio de pelos, de numerosos dardos y acerados; concediéndoles la facultad de contraerse para formar además una bola espinosa, que no pueden atacar las otras especies. Si la naturaleza no ha provisto alas razas herbívoras de fuertes dientes y encorvadas garras, ha armado sus cabezas de amenazadores cuernos, como en los rumiantes; dando a los tímidos roedores, ó la industria de ocultarse debajo de la tierra como la Marmota, el Conejo y la Rata, ó agilidad para saltar de uno á otro árbol, como la Ardilla, ó bien la rapidez para correr y hacer regates en la fuga, como los Gerbos y el Canguro, que saltan á la manera que las Langostas. Las Vicuñas y las Llamas no tienen defensiva alguna; pero cuando un enemigo intenta dañarlos arrojan sobre él una saliva acre y repugnante. El Veso, la Vívora y las Mofetas exhalan, cuando las persiguen, vapores tan pestíferos y hediondos, que obligan á sus mas encarnizados enemigos á abandonar la presa. En fin, entre todos estos animales, los unos espantan con sus terribles ahullidos á sus perseguidores como el Mono-Alüato; otros esquivan el riesgo brincando á los árboles ó escondiéndose en las subterráneas madrigueras que construyeron; unos haciendo giros, saltando y sumergiéndose en las aguas; otros, guareciéndose en seguros asilos ú oscuros escondrijos, huyen de sus enemigos ó les vencen con multitud de ardides y previsoras precauciones. Las espacies mas pequeñas, además de ser mas numerosas y propagarse mas por su excesiva fecundidad, son también mas robustas y vivas que las especies grandes: mientras que una Ballena ó un Elefante dan media vuelta, hace un Lirón ó una Rata cien movimientos; porque la pequeñez de los miembros da mas unidad, mas solidez á su cuerpo: siendo los músculos mas corlos se contraen con mas facilidad, y cualquier giro es mas rápido, mas fuerte, que los de aquellas máquinas grandes y pesadas. Un animal que tuviese trescientos ó cuatrocientos pies de largo y fuese en proporción grueso, yacería tendido en el suelo y como abrumado por su propio peso; siendo fácil presa de los demás, aun de los mas débiles.

Ahora fijemos principalmente nuestras observaciones sobre el principio de que procede el movimiento y dirige los actos de estos seres, que es en lo que consiste la animalidad. Cuando se diseca un animal, la primera idea que ocurre es preguntar: ¿Cuál es el móvil que pone en juego todas estas partes, principalmente el cerebro y el corazón? ¿Quién hace sentir y obrar á una criatura con una especié de inteligencia ó de instinto? Sin duda ni Antonio Pereira, ni Descartes, ni otros filósofos han podido convencernos de que esas bestias sean puras máquinas, como un reloj de péndola ó de bolsillo, pues nosotros vemos con evidencia que el Perro ó el Elefante manifiestan tener sentimiento, voluntad é inteligencia. Ciertamente ningún arte humano podría dotar con tales facultades á una máquina ó un autómata.

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A la carne, vino, y si es jamón, con más razón.
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