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Buffon: Zoología o Reino Animal. Antropología. Comparación Fisiológica y Psicológica de las Razas Humanas. 129

parece que sé puede seguir históricamente la transformación.

Nos hemos detenido en los caracteres físicos de las razas humanas con toda la extensión que permitía el plan de esta obra; hemos visto como eran susceptibles de variación estos caracteres, y hasta que punto podrian apartarse de un tipo común. Ahora nos resta entrar en dos cuestiones importantes: la de las variedades fisiológicas ó diferencias que existen entre las razas humanas relativamente á las leyes de la economía animal, y la de las variedades psicológicas, es decir, de las diversidades en las facultades y los hábitos mentales, ó en otros términos, en el carácter intelectual y moral de las naciones.

COMPARACIÓN FISIOLÓGICA Y PSICOLÓGICA DE LAS RAZAS HUMANAS.

La fisiología comparada suministra un buen criterio para determinar la identidad ó la diversidad específica de dos ó mas razas de animales cuyo orígen común estuviera puesto en cuestión. El criterio á que aludimos está basado en la observación general de que, aun para las variedades mas divergentes de una sola especie, las grandes funciones de la economía animal se ejecutan con arreglo á un modo perfectamente uniforme, al paso que se presentan siempre con circunstancias diferentes cuando se las observa en especies realmente distintas, por muy inmediatas, ó vecinas que estas puedan hallarse. Trátase ahora de aplicar esta observación á las razas humanas, lo cual nos conducirá a una serie de investigaciones un poco diferentes de las que nos han ocupado hasta aquí, y de ver si llegaremos no obstante, de este modo a las mismas conclusiones relativamente á la cuestión principal que nos habíamos propuesto esclarecer.

La economía animal se manifiesta sometida a leves constantes en todas sus funciones: por consiguiente, para no hablar sino de las que se refieren ala reproducción, épocas de las fecundaciones, intervalo que las separa, duración de la gestación en los mamíferos, la de la incubación en las aves, el número de crias, el tiempo durante el cual necesitan el cuidado de sus padres, etc., son otras tantas circunstancias fijadas para cada especie de un modo invariable. Para cada una también, aunque ciertos individuos puedan ofrecer escepciones, la naturaleza ha arreglado de antemano la marcha del desarrollo del organismo, el tiempo que necesita el animal para llegar á su mayor vigor, la época en que principia á declinar, las diferentes fases porque pasa, y finalmente la duración total de su vida.

Antes de entrar en el nuevo campo de investigaciones que acabamos de indicar, conviene hacer una observación que deberá modificar singularmente las consecuencias que se han de sacar de los hechos que van á pasar bajo nuestra vista: aunque baste un examen rápido para llegar á conocer que no hay ni con mucho tanta diferencia en la estructura de los órganos internos y en sus funciones como en los caracteres exteriores, el1 color de la piel, la naturaleza de las producciones epidérmicas, etc., no debe creerse que los fenómenos fisiológicos y losaparatos de cuyo juego resultan, no estén sujetos á variación alguna, aun en las funciones internas. La ciencia conoce el cambio singular que se produce en las vacas á consecuencia de la intervención del Hombre, cambio cuyo hábito produce en la mayor parte de las razas, un carácter hereditario, y que tiene por resultado prolongar la duración del tiempo durante el cual puede dar leche la res. Este hecho como otros que pueden indicarse, parece probar que cuando los animales domésticos han sido colocados en ciertas condiciones, en cuya virtud ha sufrido su naturaleza una modificación particular, y cuando han obedecido durante varias generaciones á una nueva ley, llega á ser la costumbre para la raza como una segunda naturaleza. Ahora bien, lo que observamos para las razas de animales inferiores se observa también para las razas humanas, y pueden citarse de ello ejemplos numerosos. Se sabe que entre las naciones que habitan hace muchos siglos en las alturas de los Andes de la América del Sur, el pecho está mas desarrollado, y los pulmones son mayores que entre las tribus del país llano; pero al mismo tiempo que observamos cuan útil es esta particularidad de constitución á hombres obligados á respirar un aire muy enrarecido, no debemos perder de vista que esta modificación es precisamente la que tiende á producir las circunstancias exteriores en que se hallan colocados; de modo que, en vez de deducir del hecho observado que los quichuas y los aymarás forman una raza particular que fue creada originariamente con una constitución adecuada á las circunstancias locales en que estaba destinada á vivir, debemos continuar viendo en ellos ramas de la gran familia americana: podemos citar como ejemplos los efectos producidos por la influencia prolongada largo tiempo de los agentes exteriores ,y del hábito, los cuales tienen por objeto poner el organismo y las funciones en armonía con nuevas condiciones de existencia. Este solo ejemplo bastaría para darnos una nueva idea de las modificaciones que pueden esperimentar las razas humanas, y que tienen por resultado adaptar su constitución al clima en que son llamadas á vivir; pero se presentan casos análogos en todas partes por poco que se tenga el trabajo de investigar.

Cuando consideramos por una parte, al árabe, que se contenta para su alimento diario con cinco dátiles y un poco de agua, y por otra al esquimal que devora en una sola comida cantidades enormes de tocino de ballena; cuando vemos al primero esbelto, ágil y musculoso, aunque flaco, y al segundo rechoncho, grueso y pesado, sabemos perfectamente que estas diferencias en los caracteres exteriores son indicio de modificaciones mas profundas todavía en la organización, pero vemos también las causas exteriores en cuya virtud tienden aquellas modificaciones á producirse. Mas hay casos en que no podemos darnos cuenta de la manera en que obran estas influencias exteriores, y en que no debemos suponer menos que están con las modificaciones que observamos, en relaciones de causa á efecto. A esto no podemos negarnos, por ejemplo, cuando vemos que estas modificaciones tienen por resultado adaptar un tipo orgánico particular á las condiciones locales de existencia.

No es dudoso que, con arreglo á un principio semejante, la constitución de ciertas razas se modifica

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En diciembre se hielan las cañas y se asan las castañas.
Cuando diciembre se va tiritando, año bueno viene anunciando.
En diciembre la tierra se duerme.
Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres. Pitágoras

 

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