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Zoología o Reino Animal. Antropología. División de las Razas. Raza Cobriza. 115

meridionales, para que sea dable equivocarlos. Los cráneos de mejicanos de estirpe verdadera son, según Humboldt, de mediana magnitud, con la coronilla muy salida y la frente baja y aplanada, al paso que los cráneos de los americanos del Sur, traídos por otros viajeros, presentan en el vértice un surco á lo largo con los demás cortes comunes á esta casta.

Las bellas tribus de los akansas, illimeses, californias, mejicanos, apalaches, chícacas, yucatenses, hondureños y otras de Nueva-España, así como los caribes de las Antillas (esceptuando los colonos europeos y los negros), son de una casta particular, lo mismo que los habitantes de toda la América meridional, tales como los del Orinoco, del Perú, de la Guayana, del país de las Amazonas, del Para, del Brasil, del Rio de la Plata, del Paraguay, de Tucumán, de Chile, de las tierras Magallánicas y de la Patagonia. Según D. Antonio de Ulloa, los americanos meridionales tienen la frente estrecha, cubierta de pelo hasta la mitad de las cejas; ojos pequeños, labios abultados, nariz delgada, puntiaguda y encorvada hacia el labio superior, el rostro ancho, orejas desmedidas, pelo negro, liso y áspero, miembros bien trazados, pié pequeño y cuerpo bien proporcionado, su cutis es liso, escepto en los viejos, en quienes asoma algún vello en la barba, aunque nunca en los carrillos.

Con todo, ciertas tribus americanas ofrecen en la constitución de sus cráneos, en el color de la tez, en la variedad de sus facciones y costumbres, algunas diferencias que denotan al parecer la de su origen, a pesar del aserto de los antiguos viajeros, según los cuales, con solo ver un americano, puede asegurarse que se han visto todos: tanta es, según ellos, su semejanza (1). No obstante, entre los araucanos, montañeses indómitos, se ven muchos individuos blancos y rubios.

Los americanos son la mayor parte de frente corta y deprimida; sus ojos, de un negro castaño, están muy hundidos; su nariz es chata, y muy abiertas las ventanas; su cabello es muy áspero y no fizado; su cutis de color de cobre rojo; son cari-redondos, de carrillos abultadísimos, de cuerpo rollizo, y ademan bravío. Sin embargo, no es igual el colór de la piel en todos los americanos, pues también varía bajo los mismos climas. Los montañeses tienen siempre el color menos subido que los que viven en terrenos hondos y pantanosos y en las orillas del mar. Los del estrecho de Magallanes, aunque andan desnudos, parecen casi tan blancos como los europeos. También suelen realzar el viso rojizo de su cuerpo, pintándose de achiote para guarecerse de una especie de mosquitos (culex pipiens, Lin.), cuya picadura causa agudísimos dolores.

Todos los americanos eran naturalmente barbilampiños y se quitaban el poco vello que tenian. Muchas de sus tribus solian desfigurar la cabeza de sus hijos; otras les estirában las orejas ó se horadaban la ternilla de la nariz ó los labios para adornarlos con plumas ó abalorios; los hombres se teñían de rojo y otros colores, y se atusaban, dejando un copete; se ataviaban con plumas, y eran generalmente polígamos, aunque en ciertas tribus podía la mujer tener muchos maridos. Trataban con atención al sexo y á la edad desvalida; pero la vida de las mujeres era, a pesar de todo, lastimosa. Así es que entre muchos americanos meridionales, por ejemplo, entre otros, los guaicuros del Brasil, las mujeres suelen tomar abortibos hasta pasados los treinta años. Vénse en estas mismas tribus hombres afeminados á quienes llaman endinos, que ejercen sin reparo las funciones propias de las mujeres; son monógamos, y ambos consortes gozan el derecho de repudiarse uno á otro.

Los padres suelen matar ó esponer á la muerte á sus propios hijos, conservando uno ó dos, á causa de la escasez de subsistencias y el temor de que sean presos y deborados por el enemigo. A veces prohijan á los prisioneros, quienes en este caso son reputados miembros de la familia. El hijo del salvaje, habituado á padecer sin quejarse, se acostumbra á toda clase de privaciones, y muestra suma indiferencia al dolor y estraordinaria constancia en los quebrantos. Las mujeres quieren entrañablemente á sus maridos, son modestas, y su semblante se reviste de afectuosa melancolía.

A pesar dé las bárbaras costumbres de estos pueblos, descollaban entre ellos virtudes eminentes y amables prendas. Casi todos andan desnudos aun en las regiones frías, ignoran la labranza y viven de la caza. Los americanos odian naturalmente la servidumbre, y muchos de entre ellos murieron de pesar, ó se mataron desesperados cuando vieron que los españoles los trataban como esclavos; siendo tan patente esta diferencia de carácter entre los americanos y los negros, que motivó el proverbio que corre en las islas francesas, según el cual el mirar a a un salvaje con malos ojos equivale á darle de palos, y el apalearle á matarle, al paso que los negros engordan con azotes.

Los bravos de la América septentrional son esforzados y guerreros, sobresaliendo entre ellos las tribus del Canadá, los iroqueses, los natchez, los algonquinos y hurones, que en otro tiempo vivían en guerra abierta, perpetuando sus discordias su índole vengativa é iracunda. Llegaba á tanto su rencor que devoraban á sus prisioneros de guerra después de haberlos asado vivos; y era tal la feroz entereza de los prisioneros, que se les veía cantar en medio de los tormentos sus proezas y victorias, entonando con increíble denuedo el himno de muerte y de triunfo á los oidos do sus mismos verdugos. Este valor asombroso es harto común entre aquellos hombres indómitos, como ya lo era entre todos los americanos salvajes antes de la llegada de los europeos: Aun en el dia pueden citarse muchos ejemplos de tan estoica intrepidez; bien que van desapareciendo en las tribus que tratan con los europeos y que abrazan el Cristianismo.

Los botocudos del Brasil son antropófagos, según el príncipe Maximiliano de Neuwied; pero quizás proceda esta imputación de la costumbre que tienen de comer los monos que cogen en la caza. Su índole es bastante jovial; tienen muchas mujeres, y se ocultan las partes sexuales con hojarasca. Sus labios y orejas están cargados de enormes pedazos de madera, y se embadurnan el cuerpo.

En la estirpe, americana ha habido como en las demás, pueblos conquistadores: los aztecas subyugaron á Méjico, y los iroqueses y chipewas á los pueblos de Ohio, al modo que los tártaros. Hacia Nootka se ven patricios ó nobles, y esclavos. Estos no pueden tener mas que una mujer; mientras que aquellos se apropian cuantas quieren.

La religión de los americanos indíjenas era el muñequismo ó culto de los manitúes: también tributaban adoración al sol y á los astros. Los caudillos de los natchez se vanagloriaban de descender del sol, y los incas del Perú lo adoraban como ser supremo. Los mejicanos reconocían y adoraban muchos dioses, al sol, á la luna y á un dios de la guerra los peruanos, cuya religión era mas suave, adoraban únicamente al sol. Pero entrambos pueblos sacrificaban los esclavos sobre la tumba de sus dueños. Las demás tribus americanas, sin templó ni sacerdotes, adoraban

1) Ulloa, Notic. amer., pág. 508; Pedro de Cieca, Crónica del Perú, parte I. cap. XIX ; García, Origen de los Indios, pág. 54 y 242; Torquemada, Monarq. ind., tomo II, pág. 571, etc.

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