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Zoología o Reino Animal. Antropología. División de las Razas. Raza amarilla o aceitunada. 112

son pastores, viven en rancherías, cobíjanse en sus tiendas, recorren á caballo el dilatadísimo páramo de la Tartaria, desprecian la labranza, y se alimentan de leche de yegua y carne de caballo, que generalmente comen cruda. Andan armados en todos tiempos, y pelean cual foragídos, no tanto para vencer como para saquear. Con todo, son valerosos, obedecen á un caudillo electivo, á quien titulan khan y atribuyen el poder supremo (1). Siempre apercibidos para la pelea y el saqueo, han llevado repetidas veces sus huestes asoladoras hasta el Asia meridional, sojuzgando la India y conquistando la China, donde aun en el dia reinan sus descendientes. Bajo Chenjis Khan y Timur-Leng ó Tamerlan, conquistaron dilatadísimas regiones, y plantearon los imperios mas extensos que han aparecido sobre el globo. Sus guerras consisten en correrías á caballo; el potro es compañero inseparable del tártaro-mogol, y constituye su única propiedad y la base de su existencia; puesto que con la leche de yegua prepara el queso que le sirve de alimento y una bebida espirituosa que llaman Kumis.

Las religiones de estos pueblos son el chamanismo y el lamismo; y la de Mahoma va haciendo entre ellos incesantes progresos. Estas tribus, ora independientes, ora avasalladas por los rusos, son polígamas á pesar de los helados climas que habitan. Cuando muere un guerrero, entierran con él sus armas, sus adornos y hasta su caballo. Sin embargo, estos pueblos no son tan feroces como los pintan ciertos viajeros; los calmucos son afables, sin doblez, joviales y agasajadores; pero al propio tiempo astutos y fementidos en sus venganzas, belicosos é iracundos, aficionados á los banquetes y muy desaseados: los kirguizes, como mas flemáticos, son también mas holgazanes. Todos ellos reconocen caudillos hereditarios y una constitución feudal. La fisonomía de estas tribus bárbaras demuestra su índole brutal y feroz; y sus facciones espresan bien el carácter que atribuimos á esta segunda casta. Llámanles Tátaros, aunque distintos de los tátaros de la Rusia europea ó verdaderos cosacos, que pertenecen al vástago escítico de la casta blanca caucásica, y no son tan feos como los mogoles (2). Su género de vida es semejante al de los árabes beduinos.

Los finlandeses ó chudes (3) habitan la parte septentrional, conprendiendo también los lapones de Suecia y Rusia, los cheremises, morduinos, permianos, zirianos y wotíacos, los wógulos, ostíacos, húngaros y otros, como los moradores de la actual Finlandia, los liwes ó livonios, los estonios, ingrios, carelianos, etc. Todas estas gentes son de la misma casta mogola, y menosprecian la castidad. Estas avenidas de las tribus tártaro-mogolas y las de los tártaros del Cáucaso ú de la casta blanca, han persuadido á algunos autores que estaban muy poblados los paises que habitan. Sin embargo, como no cultivan la tierra, no es estraño que su población, aunque no muy crecida, sea necesaria respecto á los frutos del país. Fuera de esto, tales emigraciones llevan consigo la nación entera, mujeres-, niños, ancianos, ganado y bagage, y forman colonias ambulantes y guerreras, pues hasta las mujeres empuñan en caso necesario el sable y la lanza. Como nada tienen que perder y sí mucho que ganar, y se ven colocados entre la escasez y la abundancia, la esclavitud y el imperio, no es de maravillar que sean atrevidos y denodados.

Diríase que la naturaleza ha planteado en el septentrión el solar de las naciones conquistadoras y guerreras, para renovar con sus tremendas avenidas la faz del género humano. La robustez del cuerpo, el arrojo y el valor van disminuyendo con el frió, y á pesar de la escasa población de los climas helados, vemos que continuamente envian á las regiones mas cálidas crecidos enjambres de sus hijos. Estas colonias de bárbaros que abandonan sus peladas guaridas, movieron á los antiguos á considerar el Norte como la fábrica inexhausta del género humano, oficina gentium. Sin embargo, como la parte septentrional de Europa se halla actualmente reducida á cultivo y reconoce gobiernos permanentes, es indudable que la especie humana puede multiplicarse en sus regiones sin verse en la precisión de hacer tan frecuentes correrías. Por otra parte, el sistema de invasión á mano armada no podría realizarse en el dia en Europa con tanto éxito como en la antigüedad, á causa de los ejércitos permanentes de las potencias europeas y dé las plazas fuertes que exijen largos cercos. No sucede lo mismo en Asia, cuyos estados se hallan abiertos, y no cuentan una sola plaza fuerte ni tropas regulares ó disciplinadas. El tártaro, siempre montado, avanza rápidamente, asola cuanto encuentra al paso, infunde pavor á los pueblos inermes y apocados, penetra en el corazón de los imperios, y blandiendo el sable sube de un salto, por decirlo así al trono. Un solo empuge lo aniquila ó le da el mando absoluto. En balde levantaron los chinos su larga muralla; en vano se cree el hindo en salvo al resguardo de las montañas del Tibet: el tártaro es activo, infatigable; avanza como un torrente, porque es su aguijón la necesidad. La historia de los siglos pasados cita once invasiones generales del Asia por los tártaros, desde Madiés, además de las incursiones sin cuento que hacen de continuo, y de los saqueos diarios á que se dedican. De ahí procede la estremada mezcla de los pueblos residentes en aquella parte del mundo.

Parece también que la casta mogola ha poblado gran parte de América, á donde emigró pasando polla península de Kamtschaká y por las islas Kuriles ó las de las Zorras. En efecto, échase de ver gran semejanza entre los americanos septentrionales situados al frente del Asia oriental y los tártaro-chuchis de aquella parte del mundo, especialmente en el corte de la cara, y hasta en el traje. Sin embargo los chuchis son mas civilizados que las tribus de la costa Noroeste de América, no asemejándose á ellos los demás pueblos americanos.

Los isleños de las Aleutas, que forman el tránsito entre los mogoles y los americanos, son de estatura mediana y de complexión robusta; su fisonomía es agradable, y el carácter duro. Su tez es de un moreno parduzco; son esmerados en los manjares; tienen la cara llena y redonda, y escaso pelo en la barba, porque se lo arrancan. Su índole es apacible y dócil; pero son vengativos y feroces cuando se ven provocados. Viven en cuevas subterráneas, cuya techumbre se asemeja á un mogote coronado de yerba. Sus alimentos son la carne de can marino y la de ballena; vístense de pieles de nutria marina forradas de plumón; cazan y pescan en sus canoas, que ellos llaman bairdarka, y se cubren de pieles de can marino como

(1) Hay tres órdenes entre los calmucos, la nobleza, el clero y el estado llano.
Los nobles son titulados huesos blancos; los plebeyos, huesos negros; y por mas que un plebeyo sea sacerdote ó lama, nunca logra borrar la mancha indeleble de su origen.
2) Dióse al principio á los tártaros el nombre de tártaros, á causa del TÁRTARO; Quos vocamus tártaros, ad suas tartáreas sedes unde exierunt retrudemus, etc., decia Mateo Paris, Histor. Londin., 1571, pag. 747. Los Tártaros son generalmente considerados como naciones Mogolas del Asia superior.
(5) La palabra chude ó tchude significa en ruso, estraño ú desconocido, así como escita espresaba un bárbaro, según Lehrberg y Julio Klaproth; Memoires sur V Asie.
La idea de la existencia en Siberia de un antiguo pueblo tchude se da la mano con la opinión de Bailly respecto á la civilización del páramo de la Tartaria; pero este páramo no se dilata; será el desierto de Gobi, cortado por altísimas montañas, coronadas las mas de perpetuas nieves.

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