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Zoología o Reino Animal. Antropología. División de las Razas. Hibridez. 103

dimanar de una misma sangre las diversas naciones de la tierra , y que de ese modo el género humano desciende todo él de padres comunes. Pero en el día a día se hallan escritores que pretenden que este aserto no comprende á los habitantes bárbaros de las regiones lejanas, y que los negros, hotentotes, esquismales, australasios, no son hombres en la acepción propia de la palabra, es decir criaturas dotadas de facultades intelectuales del mismo orden que las nuestras.

Algunos escritores aseguran que las razas de que acabamos de hablar y otras groseras y salvajes han constituido desde el origen especies inferiores á las que han poblado la Europa y el Asia. Sostienen que son orgánicamente diferentes y que bajo el aspecto moral e intelectual no podrán jamás colocarse al mismo nivel de la rama privilegiada, que presenta en mas alto grado todos los atributos de la humanidad. Sostienen, en fin,qué el destino definitivo de estas razas debe ser un estado de esclavitud perpetua, y que aquellas que se resistiesen á la dominación de las naciones civilizadas serian destruidas con el tiempo y desaparecerían de todos los países donde los europeos estableciesen su morada. En fin estos ???????? mitad hombres, mitad brutos, no pertenecen segun ellos, á la raza que Mr. Bory de Saint Vicent llama raza adámica. Según ellos serian creados para servir á la raza superior bajo cuya protección serian solamente susceptibles de hacer algunos progresos comparables á los que pueden esperarse, bajo la misma influencia, en nuestros caballos y en nuestros perros. En la opinión de las personas que sostienen esta doctrina nada podría sobreponerse á la locura que manifestarían el pueblo y el parlamento inglés luego que, bajo el impulso ciego de este sentimiento que se ha llamado filantropía y por respeto á derechos imaginarios, creyesen deber libertar de un destino, que era precisamente el mas apropiado á su naturaleza, á seres incapaces de dirigirse á sí mismos, é incapaces de constituirse en sociedad civilizada para objetos de mutuo interés.

Si estas opiniones no se expresan cada dia en Europa, es por el temor de la desaprobación que sufriría, bien lo saben, una declaración tan odiosa. En algunos paises no se trata de disfrazarla de ninguna manera, y á la verdad no es fácil probar el absurdo de estas conclusiones si se admite como verdadero él hecho principal sobre que reposan.

Si el negro, ó el australasio no son semejantes, no pertenecen á la misma familia; si por consiguiente no se puede considerar como aplicable á ellos todo lo que en el orden positivo sobre que reposa la moral cristiana concierne á los deberes hacia el prójimo, es claro que nuestras relaciones con estas razas deben diferir muy poco de las que se concibe pudieran existir entre nosotros y una raza de orangutanes.

En la historia de el Pongo muerto por algunos viajeros en el Archipiélago indio, no se lee sin emoción el relato de la agonía del desgraciado animal cuyos gritos y gestos parecian la expresión de los sufrimientos de una criatura humana. Muchas personas han censurado altamente el hecho como una crueldad sin límites; pero pocas personas tendrían valor para desaprobar el que se buscasen tales criaturas para esclavos útiles, aun cuando no pudiera conseguirse este fin sin que sucumbiese alguno en las tentativas de la captura.

Nos vemos, por consiguiente, conducidos á elogiar estos actos de violencia por cuyo medio se conseguirían esclavos, actos en los que han sido cómplices en otro tiempo nuestros padres, aun cuando para defenderlos no les haya ocurrido la idea de colocarse en un terreno tan ventajoso.
El buen abad Gregorio nos cuenta con indignación como á la llegada de los perros enviados de Cuba á la isla de Santo Domingo se les entregó á manera de ensayo el primer negro que se halló. Añade: La prontitud con la cual devoraron la presa, regocijó á les tigres blancos de figura humana.»
Los que consideran á los negros como pertenecientes á una especie diferente de la nuestra, y que ocupan un grado inferior en la escala de los seres organizados, se reirán de la candidez del buen abad. A sus ojos cuando tales criaturas nos incomodan se las puede destruir de la misma manera que se esterminan osos y lobos, sin que por eso se cometa un acto de inhumanidad; para ellos, nada hay repugnante en la conducta de ciertos blancos de las colonias de la Nueva-Holanda, qué se dice han echado mano alguna vez de los salvajes para que sirvieran de pasto á sus perros.
Bien lejos nos hallamos de creer que la cuestión que va á ser debatida se baile comprendida en el número de aquellas cuya solución no interesa en nada á la religión ó á la humanidad. Pero al tratarla nos sujetaremos estrictamente á las reglas admitidas para las discusiones sobre puntos de pura ciencia, puesto que, según los filósofos modernos, son los únicos que debemos respetar cuando raciocinamos sobre un objeto cualquiera. Ahora bien, estas reglas nos prescriben que no demos oido á testimonios estrínsecos, á pruebas que impliquen una presunción; quieren que separemos de nuestro espíritu toda consideración que no derive de materias de hecho, á las cuales se liga inmediatamente la cuestión que tratamos. En una controversia de esta naturaleza, la máxima que se debe seguir es: fíat justicia, ruat coellum.

Pero antes de proceder á la determinación y descripción de las razas, debemos dar á conocer varios fenómenos que se han considerado en algún tiempo como especies diferentes del género humano: son la hibridez, el albinismo y el cretinismo.

HIBRIDEZ.

Es un hecho de los mas evidentes que, así en el mundo animal como en el vejetal, todas las razas se reproducen y se perpetúan generalmente sin mezclarse ni confundirse las unas con las otras. La ley natural ordena que todas las criaturas crezcan y se multipliquen propagando su propia especie, de ninguna manera otra diferente; y seria probablemente inútil el buscar en todo el mundo un ejemplo bien determinado de una raza intermedia procedente de dos especies reconocidas debidamente como distintas: si se llegase á descubrir un hecho de esta naturaleza constituiría una sorprendente anomalía.

Si llegase á suceder en el curso ordinario de las cosas que las diferentes especies se mezclasen, que se produjesen razas híbridas y se perpetuasen sin inconveniente, el mundo organizado presentaría bien pronto como han observado algunos escritores, una esencia de confusión universal. Las diferentes especies se Confundirían las unas con las otras, y al cabo de algún tiempo apenas podríamos descubrir algunas razas puras ó inalteradas.

Por toda la tierra vemos reproducirse las especies de una manera regular, uniforme, y no se fijan hoy dia los límites de cada una de ellas con menos claridad que en los tiempos mas remotos. Es evidente que la conservación de las especies ha sido asegurada por medios perfectamente eficaces en todas las ciases de la creación orgánica.

Lineo, cuyo golpe de vista en historia natural era en general tan penetrante, adoptó una opinión muy singular sobre la extensión de la hibridez en las plantas. Suponía que podía haber híbridos entre plantas de diferentes familias. Consideró, por ejemplo, la

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