Pasapues > Buffon > Los tres Reinos de la Naturaleza > Tomo 1

Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De lo físico y de lo moral. 75

de pensar no deja de existir aun cuando no se halle en ejercicio. Es, pues, una verdad de hecho que el Hombre disfruta una extensa existencia, porque siente, y porque percibe que siente; es decir, hay en él una acción que se rehace sobre él mismo; siente el reflejo de las sensaciones y de ellas deduce su existencia; pero este acto, secundario de las reacciones, es posterior á las sensaciones á que solo se halla limitado el bruto, y estas dos partes de una misma causa deben distinguirse con exactitud. Ambas fueron reconocidas por los filósofos; pero los unos espiritualizándolas con esceso presentaron campo á los otros para materializarlas todas. Por esta causa todas las pasiones, todas las afecciones morales se vieron confundidas con los instintos y con las facultades del alma: el amor, los zelos, el miedo, la tristeza, la alegría, los apetitos todos, el patriotismo, el amor propio, el amor de gloria, los afectos aun religiosos, la idea de justicia, la conciencia y la virtud misma se presentaron en un mismo cuadro, y la dignidad del Hombre fue rebajada hasta el punto de desconocerse. Y como de los esclusivos sistemas se han deducido consecuencias muy aventuradas; creo importante recorrer ligeramente las bases de aquellos fue intentan erigirse sobre los conocimientos fisiológicos.

Cabanis y Broussais, hijos de una misma escuela, queriendo reconocer la diferencia entre el principio moral y el principio físico, en vez de aclarar esta materia tan controvertible, en vez de ilustrar la filosofía del Hombre y de utilizarse de su inmenso saber para conducir la especie humana á un grado posible, de perfección que engrandeciese su existencia, han abierto profundas llagas én el corazón de la sociedad que solo pueden cicatrizar el tiempo, la sana filosofía y la constancia délos hombres interesados en que vuelvan al buen camino aquellos que han sido seducidos por unas aparentes verdades que no me atreveré á calificar. Manejando diestramente las palabras físico, instinto , pasiones, inteligencia y sensación, se camina de lo cierto á lo dudoso, de aquí á lo hipotético, concluyendo por admitir que en el Hombre todo tiene una misma causa, un mismo origen, y que las mas elevadas funciones del pensamiento se elaboran en el encéfalo; como los alimentos en el estómago: ¿á qué, pues, usar de estas palabras seductoras; y por qué nó se dice con franqueza que la razón , el pensamiento, la conciencia, la moral y todas sus consecuencias son una misma cosa? ¿A qné, pues, esos nombres? ¿A qué esos santos apostrofes que, se maldicen luego protestando la esperiencia y la observación? «Las relaciones é influencias de lo moral sobre lo físico deben fijar la atención de los observadores, y herir con sorpresa las imaginaciones mas vivas y fuertes escitando el entusiasmo de las almas sensibles: nada es efectivamente mas digno de admiración. ¿Quién no ha pagado mil veces este justo tributo á la naturaleza? ¿Quién podría permanecer inmóvil y frió al aspecto de tantas 'bellezas como presenta sin cesar ante nuestra vista, y que derrama á nuestro alrededor con tan sabia profusión?» Este sublime lenguaje, ¿puede ser el de un filósofo, que de su doctrina deduce que el pensamiento y la moral son al organismo lo que son á este mismo el calor animal, el quilo y la bilis? ¿Cuál es, pues, esa influencia recíproca tan ponderada? Estudie en buen hora la relación é influencia de los órganos sobre los órganos, pero no se interponga la palabra moral y entendimiento cuando se supone que son una cosa idéntica. Admitiendo tan solo lo puramente orgánico tuvo que dejar en blanco una parte de su obra, que solo pudiera cubrir con el estudio del estado orgánico cerebral, su órgano del pensamiento. Y no se crea que desconozco las vindicaciones de su doctrina, ni el honroso panegírico que de él hacen los autores de contrarias doctrinas, porque yo no juzgo con Droy, cuyo saber respeto, de los escritores públicos por su vida privada, sino por las consecuencias de sus doctrinas; porque si Epicuro fue un buen ciudadano y un buen amigo, el ejemplo de sus virtudes cívicas no ha producido tanto bien ala sociedad como males ha causado su sistema filosófico; pero volvamos á nuestro objeto. Estas páginas en blanco las intentó llenar después Broussais: y no podia ciertamente encargarse de hacerlo ingenio alguno mas capaz. Tomando su defensa para vindicarlo de la crítica de los psicologistas, no hace mas que cambiar la palabra sensación en otra equivalente: oigámoslo para formar solo una pequeña idea de su doctrina. «Los psicologistas modernos han criticado agriamente á Cabanis por haber fijado las pasiones en las visceras; y ellos los han arbitrariamente colocado, los unos en el alma, á la cual no han podido jamás señalar atributos ni lugar, los otros en la carné que han visto con tanta vaguedad que nadie ha podido comprenderlos; resultando de sus disertaciones que las pasiones son entidades indefinidas é indefinibles cuyo asiento se ignora y que se refieren al alma. Según su modo de ver, ó las pasiones están en la carne, en la sangre y en los nervios, ó no: si lo primero, piensan como Cabanis; pero si ellas vagan indeterminadas, ¿por qué ese lenguaje insignificante qué las coloca en el corazón?. Numerosos hechos dice en otra parte, inquiridos por la esperiencia, y que no pueden venir de otro orígen, establecen indudablemente que todas las facultades del Hombre son adherentes á su encéfalo; que nacen, crecen, se alteran, se disminuyen, se aumentan ó destruyen con este instrumento material ... Vivimos por la oscitación, por ella pensamos, sufrimos, gozamos, deseamos, queremos y obramos. Las escitaciones producen irritación, y desde este momento nuestras facultades instintivas, sentimentales, intelectuales, en una palabra, nuestra moral cambia del todo.» Muy hábil es sin duda nuestro fisiólogo para reducirlo todo á la materia: él era sin duda, el único que se hallaba con la capacidad necesaria para continuar el trabajo de Cabanis, pero ambos á dos, y con ellos les psicologistas esclusivos, se equivocan cuando intentan abrazar los unos el; único concepto material, y los otros la inteligencia ¡absoluta, confundiendo todos esos afectos vehementes, esos deseos que seducen, esas sensaciones que arrastran y esas facultades, en fin, que todo lo dóminan. Vieron los unos que un mal estado del hígado producía la hipocondría, que los prolongados padecimientos del estómago conducían á la melancolía; que la afección del sistema nervioso hacia al Hombre: irritable, que la gran cantidad de alimentos entorpécia el entendimiento, que el calé lo estilaba, que las heridas ó las lesiones del encéfalo alteraban ¡a razón, y en fin que los condimentos estimulan les oscilaban. Los apetitos orgánicos y dedujeron que nada mas habia en el Hombre que órganos y oscilantes orgánicos que á su vez originaban las prisiones y el entendimiento. Los otros, abstrayéndose del organismo solo vieron el principio inteligente sintiendo, pensando y queriendo; y ambos hallaron en el sistema á que hacían oposición armas poderosas para sostener una lucha á muerte. Las funciones físicas con todos los actos que de ellas dependen, pueden-ejercerse sin que la facultad de pensar ni el principio inteligente tome la menor parle en sus actos. El alma es también independiente: verdad que, como dice un filósofo, debe admitirse sin esplicacion como se admite el poder soporífero del opio y la Virtud vomitiva del emético. Que los actos orgánicos se ejercen con independencia de la voluntad intelectual no necesita probarse, pues que el Bruto y el Hombre mismo obedece á las sensaciones orgánicas que le inspiran necesidades ó deseos, sin que para ello consulte la ra

Página siguiente

Antropología. Importancia y sublimidad del Hombre en la creación. Zoología o Reino Animal. Mamíferos. Buffon Historia Natural los Tres Reinos de la Naturaleza

 

Índice de páginas y de contenidos, Índice de ilustraciones.

 

Abril que truena, anuncia cosecha buena.
Ni te fíes de hombre chico, ni te subas en borrico.
En abril, aguas mil.
En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. Mahatma Gandhi

 

Felix Azara | Francisco Loscos | Ignacio Jordan de Asso | Odón de Buen

Copyright 1996-2017 © All Rights Reserved Javier Mendívil Navarro, Aragón (España)

Actualiza la información que consideres obsoleta dinoslo

Aviso Legal. Esta actividad de la Asociación Cultural Aragón Interactivo y Multimedia

Esta web no usa directamente cookis para seguimiento de usuarios, pero productos de terceros como publicidad, mapas o blog si pueden hacerlo.
Si continuas aceptas el uso de cookis en esta web.