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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De lo físico y de lo moral. 74

orgánicas, ya por consecuencia de una sucesión de juicios, ó ya por un acto de reminiscencia mas ó menos exacto. La idea de muerte nos hace sufrir una sensación dolorosa general producida por un acto del entendimiento, y la tristeza y el error son el efecto secundario de un juicio, ó mejor dicho, de una serie de juicios. No se me diga que el animal teme también la muerte: porque contestaré que á lo que teme es al dolor, pues que la muerte es una idea intelectual que no comprende ni puede formar. La vista de un objeto amable escita el sistema generador ¿ por qué ha de merecer este efecto el nombre de pasión escluyendo de esta clase las reacciones orgánicas, que la vista de un alimento produce en las glándulas salivales ó en el estómago, aumentando la saliva ó promoviendo la náusea? Todas son escitaciones orgánicas puramente animales, que obran por el intermedio cerebral. La tristeza, colocada entre los afectos morales, es unas veces el sentimiento doloroso de un órgano, un malestar orgánico, y otras el resultado de la combinación intelectual; pero siempre se presenta con los mismos caracteres. La primera es común ala animalidad y la segunda solo es propia de los seres inteligentes. La tristeza orgánica, permítaseme esta espresion, es una enfermedad física; la intelectual es el resultado de, combinaciones de juicios y de razonamientos: pongamos un ejemplo. Las afecciones gástricas, hepáticas, y casi todos los males producen tristeza, y el médico los cura dirigiendo su fuerza sobre el organismo: el animal enfermo se ve cabizbajo y triste. La noticia de la muerte de una persona querida causa en el Hombre este mismo afecto que se llama moral, porque los dulces lazos que le unieron un dia con el objeto, perdido, la eterna separación ó la idea de dependencia se combinan en el entendimiento: de aquí la tristeza intelectual. Lo que es triste para unos, alegra á los otros; porque cada cual combina á su manera y juzga á su modo; pero para todos es triste la sensación orgánica de dolor ó de malestar: luego la afección moral llamada tristeza, es siempre un dolor, una sensación ingrata, pero producida unas veces por un mal físico, y otros por un concepto puramente intelectual y en algunos casos abstracto.

Aun queriendo suponer los actos morales y las pasiones como resultados de las combinaciones orgánicas en las facultades de pensar, tampoco deduciríamos una idea mas clara. Vemos al Hombre modificando ó dirigiendo con su razón las sensaciones orgánicas, es decir, domínando sensaciones, conteniendos ó dirigiéndolas con una voluntad libre, que es efecto de un juicio. ¿Y se puede llamar á esto pasión? Entonces también pertenecería á esta clase tóelos los actos humanos, desde el mas simple hasta el acto de tomar una bebida amarga que resiste el paladar y hace tragar la razón. Se dice que el Hombre se dominó de una intensa pasión, que el Hombre apasionado no reconoce freno; que una vehemente pasión lo hizo criminal. Mas estas impresiones solo revelan ó una sensación orgánica imperiosa no dominada, ó un acto intelectual qué lo dirige.

No desconozco la acepción general de la palabra pasión: veo admitida ésta fórmula para espresar modificaciones recíprocas del organismo é inteligencia, y para reconocer el poderoso auxilio que se prestan cuando su acción se combina; pero yo no veo la necesidad de comprender bajo una misma palabra dos cosas que se oponen, y dos agentes, que en nada se parecen. Ni el resultado intelectual, consecuencia del estado orgánico, ni este dirigido por aquel, merecen el nombre de pasión, pues que en este caso todos los actos de la razón fueran pasiones, y todas las sensaciones orgánicas lo fueran también. Todo lo ve triste y sombrío el hipocondriaco: lodo alegre y brillante el joven bien constituido: el viejo ve variar todos los objetos que le rodean, y hasta le parece que el sol brillaba con luz mas clara en sus años de placer: la edad primera es la de las ilusiones; la edad madura, la del juicio; la vejez, la de los recuerdos. ¿No existe en todos estos casos cierto error de juicio, producido por las sensaciones orgánicas que se reciben? Esto es muy cierto, pero no hay pasión en estas circunstancias. Un apetito orgánico especial, exige la entrada del aire en los pulmones, otro que parte del estómago, reclama el alimento, y el ejercicio, las secreciones y execreciones, y aun los órganos sensuales piden á su vez escitantés apropiados, é irradian al cerebro sus sensaciones: el Hombre las percibe, y al satisfacerlas es unas veces completamente libre y en otras tan solo lo es hasta un punto determinado: ¿son estas pasiones ó afecciones morales? Fuera ridículo darles este nombre, y lo es también comprender en esta clase las determinaciones á que el Hombre se ve imperiosamente arrastrado aun cuando el entendimiento tome parte en estos actos. Cuando el Hombre goza de toda su libertad; cuando su razón ocupa el lugar que debe, a pesar de sús sensaciones orgánicas, sus acciones son intelectuales, pues eme son el resultado de combinaciones superiores á veces muy complicadas. Cuando por el contrario se halla dominado por las exigencias físicas pierde su libertad, y obra como si no tuviera entendimiento.
Si de las pasiones que toman su origen del organismo, pasamos á las que son el efecto puramente intelectual, nos convenceremos también que, aun cuando sean de un origen superior, se confunden fácilmente con los instintos. La avaricia, ese error de inteligencia, esa perversión del amor propio que se ha visto como una pasión, no es otra cosa que un falso juicio, que puede también relacionarse con el organismo por el ansia de gozar ó por el recuerdo de lo pasado: se adora en las riquezas el ídolo de todas las necesidades, el instrumento de todos los placeres, y el representante de todo cuanto el Hombre puede desear : el avaro no goza sino én perspectiva, no disfruta sino en recuerdos, y este afecto intelectual no es mas que un error de juicio.

Nada existe en el Hombre que no sea producto de la sensación orgánica, dicen algunos filósofos, y por consiguiente los fenómenos mas superiores que en él se observan deben reducirse todos al organismo y á la materia; y desde el momento mismo en que deje de sentir, la inteligencia se oscurece, porque su causa se ha oscurecido también. Esta idea envuelve en sí misma todo un gran sistema de eme me ocuparé en otra lección; mas no puedo menos dé anunciar en esta, que si bien es cierto que el Hombre nada conoce que no sienta, no es lógico materializar tan completamente la facultad de sentir. En las irradiaciones orgánicas siente; en los juicios siente también la conveniencia ó discrepancia entre dos ideas, y en los raciocinios la conformidad ó disonancia entre los juicios: todo es sentir, unas veces relaciones viscerales, y otras relaciones intelectuales. Y no debe parecer esta diversidad de sensaciones una cosa ridicula; ni se me podrá preguntar donde se halla esta facultad de sentir en el apoplético y en el qué está dormido; pues yo también preguntaré si se hallan en ellos los instintos, los apetitos, las sensaciones: existen inapreciables á la manera que el sonámbulo se levanta y mueve sin conservar reminiscencia de sus actos, y lo mismo que muchas personas duermen con los ojos bastante abiertos para que la luz los hiera y se pinte la imagen del objeto que acaso se comunica sin que el encéfalo lo perciba: ¿dónde está en ellos la facultad de percibir? Está en potencia mas no en acción. Así es como la facultad

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