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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. Del parto y la lactancia. De la virginidad de la circuncisión. 67

Nosotros necesitamos parteras y comadrones, y no pocas veces su mismo desacierto é imprudentes operaciones agravan los peligros y dolores del parto, perjudicando notablemente á la madre y al niño. Además de esto, el virus venéreo, las afecciones raquíticas y el vicio escrofuloso que suelen apoderarse de la mujer desde su juventud impiden el desarrollo completo del sistema óseo, y la pelvis que participa de esta taita no se halla con las dimensiones necesarias para el desempeño de una función tan importante. Por la misma causa son fatales á las mujeres el estudio y la lectura, pues llevando al cerebro todas sus fuerzas vitales, quitan á los órganos sexuales su natural pujanza.

La mujer, pues, pare con dolor por haber probado el árbol de la ciencia: digánlo sino nuestras labradoras, que no viven mas que del fruto de la ignorancia, y paren con la mayor facilidad. En el Oriente tienen las mujeres una pelvis muy ancha y sus partos son poco laboriosos. Parece que el frío comprime los órganos sexuales de las mujeres de nuestros paises, y que el calor los dilata; de donde resulta que los partos deben ser mas trabajosos en los paises frios, y mas fáciles en los cálidos. La mayor parte de las americanas tienen los órganos sexuales muy comprimidos, y muchas de ellas crian á sus hijos basta la edad de dos ó tres años. En Chile son tan fecundas que paren con frecuencia mellizos. Otro tanto sucede en Pensilvania, cuyo clima produce el mismo efecto en el ganado. Casi todas estas mujeres salvajes paren sin dolor ni penalidad aun en las regiones frias. Entre los caribes de la Guayana prevalece una costumbre estrañísima, pues cuando la mujer ha parido, se levanta para atender á sus quehaceres, y el marido se mete en cama para recibir las visitas y parabienes.

No cabe mayor desventura que la condición de las casadas en la mayor parte de los pueblos americanos, y por eso las orinoquesas miran con horror el matrimonio, á causa de la esclavitud é ímprobas faenas que trae consigo, y procuran el aborto ó matan á sus hijas para libertarlas de una existencia tan desdichada. Otras abandonan sus hijos lisiados, porque los consideran incapaces de procurarse el sustento; y ciertamente, es casi imposible que en aquellas incultas regiones y con una vida tan trabajosa alcancen los niños estropeados á la edad madura. Todas estas causas nos esplican la buena constitución de aquellos pueblos, y el por qué no se vé entre ellos ningún hombre imperfecto. Sin embargo, desde que los americanos estuvieron sujetos á España, como el trabajo á que se dedican les proporciona el sustento, no abandonan ya á sus hijos y se encuentran entre ellos muchos individuos imperfectos.

Los salvajes no crian nunca familias tan numerosas como los pueblos civilizados; cuando nacen dos mellizos, no pudiendo la madre criará ambos, abandonan el mas débil. Si muere la madre cuando está criando á su hijo, lo entierran vivo con ella por no poder conservarlo. También se han visto muchos niños abandonados ó sacrificados por padres que no podían criarlos De esta suerte nace la ferocidad de la vida bravia, ahogando la voz de la naturaleza en los pechos paternales. Sin embargo los salvajes aman tiernamente á sus hijos y son naturalmente sensibles.

La especie humana, dotada de razón, es quizás en ciertos casos inferior á los animales guiados por su natural instinto; pues, mientras que la leona feroz cumple gozosa con todos sus deberes maternos, la mujer descastada se muestra indiferente á los suyos entre los pueblos cultos, abandonando sus hijos á brazos mercenarios. ¿En dónde hallará el infeliz párvulo las entrañas maternas y los desvelos y cuidados que requiere su estado, cuando la que le dio el ser le abandona á merced de los estraños?

La secreción de la leche parece estar en proporción con la del menstruo, pues las islandesas tienen muy poca, lo mismo que todas las mujeres délos paises frios. El obispo de Troil asegura que solo pueden criar muy pocos dias, y que suplen con la leche de vaca la de que ellas escasean. En el Egipto, en la isla de Ceylan y en la mayor parte de los paises cálidos y húmedos, las mujeres pueden criar durante mucho tiempo, y tienen los pechos muy abultados. Dicen algunos viajeros que se ven en Rusia algunos hombres que casi podrían criar como las mujeres.

La primera leche formada después del parto es muy serosa y algo laxante; lo cual es muy conveniente á los niños para la espulsion del meconio. Nuestras ignorantes comadres desperdician esta leche so pretesto de que podría perjudicar al niño; pero esta precaución defrauda á la naturaleza, que nada hizo en vano: así es que muchas veces los recien nacidos, no pudiendo descargarse de aquellas materias negruzcas que se agolpan en sus intestinos, se ven acometidos de retortijones violentos que los esponen á perecer. ¡Cuántos funestos accidentes se precaverían si siguiésemos los intentos de Aquel que ordenó todas las cosas con bondad y sabiduría!

A medida que el niño va cobrando nuevos medros y mayores fuerzas, la leche de la madre se pone mas densa y sustanciosa. Al cabo de algún tiempo conviene darle algún alimento mas sólido, pero con precaución y de digestión fácil. En Suecia y en todos los climas rígidos perecen mayor número de niños que en los paises meridionales. Se han visto africanos polígamos que tenían hasta doscientos hijos, cuando con dificultad pueden salvarse dos ó tres en las regiones septentrionales, donde los inviernos duran nueve meses.

Por lo común maman los niños hasta la edad de la dentición; pero como hay madres que andan escasas de leche, vénsé obligadas á quitarles, el pecho antes de dicho tiempo. Algunos viajeros aseguran que las taponas destetan á sus hijos al tercer dia de haber nacido. Algunas indias salvajes de América y muchas negras crían á sus hijos hasta la edad de tres ó cuatro años, porque son madres escelentes y muy castas.
En las mas de las mujeres la secreción de la leche suspende el menstruo, porque los humores van á parar naturalmente á los pechos. Por lo común tampoco conciben, ó si lo verifican, se agotan sus pechos, porque la economía viviente no puede acudir á dos secreciones simultáneas. Sin embargo, hay mujeres que tienen la menstruación aunque en menor cantidad, mientras dura la lactancia.

También hay ejemplares de doncellas muy recatadas que, habiéndose hecho chupar los pechos por un niño, dieron bastante leche para criarlo tan bien como su propia madre; sin duelo porque la succión habia escitado el órgano lactífero, promoviendo un aflujo de humores. Se citan algunos ejemplos de mujeres de cincuenta ó sesenta años que, habiendo chupado por casualidad un niño sus pechos marchitos, segregaron leche por espacio de algunos dias: sin embargo, estos casos son rarísimos. Algunos autores refieren que un marinero, habiendo enviudado, y hallándose embarcado con un hijo de pecho, le presentó el pezón para acallarle, y que fúe muy grande su admiración cuando al cabo de tres ó cuatro dias vio acudir la leche. Si esto es verdad, queda sincerada la naturaleza de la tacha que se la pone de haber dado á los hombres pezones inservibles.
El dilatado desvalimiento de los niños, la necesidad que tienen de su madre hasta una edad bastante avanzada, requiere una comunidad, una asociación, que sin duda alguna es el cimiento primitivo de la sociedad humana; pues ya sé alcanza que de

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