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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. De la pubertad. 50

Tal es la carrera del Hombre sobre la tierra: tiene ya al nacer la cuarta parte de su estatura venidera, y la mitad á los dos años, á los diez alcanza sus tres cuartas partes, que completa á los diez y ocho: pasada esta época va engrosando hasta la edad de veinte y siete años, y, si no se opone su complexión, hasta los cuarenta, época en que la vida se va apocando para el desempeño de sus funciones. La estatura humana es por toda la tierra entre cinco y seis pies, esceptuando los pueblos hiperbóreos que no llegan á cinco. La mujer es siempre menor que el hombre, y la duración de la vida por lo general, en nuestros tiempos y hábitos sociales, bajo los diferentes climas de la tierra, es de unos setenta años.
La costumbre de juntar crecido número de niños en un mismo sitio, v. gr. en los hospitales de las ciudades populosas, es diametralmente opuesta al principal objeto á que debe atenderse, cual es su conservación; y así se, ve que la mayor parte de estos niños mueren de una especie de escorbuto, ó de otras enfermedades deque todos ellos participan, y á que no estarían espuestos si se les tuviese con separación , ó distribuidos por lo menos, en menor número, en diferentes habitaciones, ya fuese en la ciudad, ó ya en lugares ó aldeas, lo cual seria mucho mejor. Esto se podría practicar con solo las rentas actúales, las cuales bastarían seguramente para su manutención y aseo, y por este medio se evitaría la pérdida de infinidad de hombres en quienes, como todos saben, consiste la verdadera riqueza de un Estado.
Las criaturas empiezan á querer articular algunas voces á los doce ó quince meses, y la vocal que con mas facilidad articulan es la A, porque para ello no se necesita mas que abrir los labios y formar un sonido: la E supone algún movimiento mas, pues la lengua se levanta al mismo tiempo que se abren los labios; y lo mismo sucede con la i, para la cual se eleva todavía mas la lengua, y se acerca á los dientes de la mandíbula superior: la o pide que se baje la lengua y se recojan un poco los labios; y estos es preciso que se alarguen un poco hacia fuera, y se cierren algo mas para pronunciar la u. Las primeras consonantes que pronuncian los niños son tambien las que exigen menos movimiento en los órganos, como son la B, la ai y la P, que son las mas fáciles de articular, pues para la is y la v no se necesita mas que juntar los labios y abrirlos con velocidad; y para la M abrirlos y cerrarlos luego con prontitud. La articulación de todas las demás consonantes supone movimientos mas complicados que estos, como sucede en la c, la D, la G, la L , la N, la Q, la R, la s y la T , para todas las cuales se necesita un movimiento particular, ya de la lengua, ó ya gutural, asi como para pronunciar la F es preciso un sonido mas continuado que para las demás consonantes. Así de todas las vocales la A es la mas fácil de articular, y de todas las consonantes, la B , la p , y la M ; por lo cual no es de admirar que las primeras palabras que pronuncian los niños sean compuestas de aquella vocal y de estas consonantes, y DO debe sorprendernos que en todas las lenguas y naciones empiecen siempre los niños á pronunciar por las palabras baba, mama, papa, siendo estas palabras, por decirlo así, los sonidos mas naturales al Hombre, por ser los mas fáciles de articular, y por lo mismo las letras que las componen, ó para hablar con mas propiedad, los caracteres que las representan, deben existir en todos los pueblos que usan de escritura ó de otros signos para representar los sonidos. .
Lo que únicamente debe observarse es que, siendo casi semejantes los sonidos de algunas consonantes como el de la B y la p, el de la c y la s, el de la K y la Q, y en ciertos casos el de la D y la T , el de la F y la v consonante, el de la G y la J , el de la C y la K, y el de la L y la R, debe haber muchas lenguas en que no se encuentren ó que no tengan todas estas diversas consonantes; pero siempre tendrán una B ó una p, una c ó una s, una c , ó bien una K Ó una Q en otros casos, una D Ó una T, una F Ó una v consonante , una o ó una J; una L ó una R; y casi no es posible que haya menos de seis ó siete consonantes en el mas corto alfabeto, porque estos seis ó siete sonidos no suponen movimientos muy complicados y sé distinguen todos entre sí muy claramente. Los niños que no pronuncian con facilidad la R sustituyen la L, y en lugar de la T articulan la D, porque en efecto estas primeras letras suponen en los órganos movimientos mas difíciles que las últimas; y de esta diferencia y de la elección de las consonantes mas ó menos difíciles de articular, resulta la dulzura ó la dureza de una lengua. Pero es inútil detenernos mas en esta materia.
Niños hay que á los dos años pronuncian, claramente y repiten cuanto se les dice; pero la mayor parte no habían hasta los dos años y medio, y frecuentemente mucho mas tarde; en cuyo particular se observa, que los que empiezan muy tarde, nunca hablan con la facilidad que los otros y que los que empienzan temprano á hablar, antes de los tres años se hallan en estado de aprender á leer. Se han conocido algunos que habian empezado á aprender á leer á los dos años, y que á los cuatro leian maravillosamente.; pero no es fácil decidir si conviene instruir á los niños en tan corta edad : lo cierto es que hay tantos ejemplos del poco fruto de estas educaciones prematuras, y se han visto tantos prodigios en personas de cuatro ¿ ocho, doce, y diez y seis años, que han sido tenidos por ignorantes ó por talentos vulgares á los veinte y cinco ó treinta años, que casi mueven á creer que la mejor educación es la mas ordinaria, aquella en que no se violenta la naturaleza, la menos severa, y la mas proporcionada, no á las fuerzas, sino á la debilidad de los niños. (BUFFON.)

DE LA PUBERTAD.

Hasta ahora solo hemos visto en el Hombre un ente individual propenso á la dependencia, á las escaseces; pronto le veremos sobreponerse á la tutela, robusteciéndose y llevando consigo el semillero de nuevas vidas. El infante solo existe para sí; no es propiamente hablando de ningún sexo, y no pertenece sino á la actualidad. El mozo no yace aislado en la naturaleza, forma parte de la especie entera, y es en cierto modo ciudadano de la posteridad; su existencia pertenece á las edades venideras; es un vástago cuyas ramas se perderán en la posteridad de los siglos.
En esta época brillante déla vida pierde el niño su nulidad y se convierte en hombre ó mujer; el órgano sexual, desarrollándose, le revela el secreto de su poder: levántase en lo íntimo de su corazón un impulso nuevo que le dice no es ya indiferente en la tierra, que su cuerpo está dotado de mas vida que la que necesita, y esta propende á esplayarse. En una palabra, la edad déla pubertad es la primavera de la naturaleza y la estación de los placeres. ¿Podremos escribir la historia de esta edad con tal circunspección que no escite en la imaginación mas que ideas filosóficas? La pubertad y las circunstancias que la acompañan son sin embargo tan esenciales en la historia del Hombre que no podemos suprimir los hechos relativos á ellas: lo único que está en nuestro arbitrio es tratar la materia con aquella prudente reserva y circunspección en que consiste la decencia del estilo, y presentar las cuestiones con una indiferencia filosófica que ciña las palabras á su simple significación.

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