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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. Descripción del hombre. 34

te, y vierten lágrimas, cuya efusión siempre viene acompañada de cierta tensión de los músculos del rostro, que hace abrir la boca : el humor que sé forma naturalmente en la nariz es mas abundante; las lágrimas acuden á ella por conductos interiores, y no corren uniformemente, sino que parece se detienen por intervalos.
En la tristeza, los ángulos de la boca se bajan, el labio inferior se eleva, los párpados están bajos y medio cerrados, la pupila del ojo se levanta, quedando medio oculta con el párpado, y los demás músculos del rostro están flojos; de suerte que el intervalo que hay entre la boca y los ojos es mayor de lo regular, y por consiguiente parece el rostro mas largo.
Con el miedo, el terror y el espanto, se arruga la frente, se elevan las cejas, y los párpados se abren todo lo posible, dejando descubierta la pupila y algo de lo blanco del ojo por la parte superior de la misma pupila, la cual se baja y oculta algún tanto por medio del párpado inferior; al mismo tiempo se abre notablemente la boca, y retirándose los labios, queda patente toda la dentadura.
Cuando se hace mofa y desprecio, se levanta de un lado el labio superior, descubriendo algún tanto los dientes; con un pequeño movimiento de sonrisa al lado opuesto, la nariz se tuerce hacia el lado en que el labio se levantó, y el ángulo de la boca se retira: el ojo del mismo lado casi se cierra, quedando el otro abierto como de ordinario; pero las dos pupilas se bajan, como en ademán de mirar de arriba abajo.
Los celos, la envidia y la malignidad hacen bajar y arrugar las cejas, levantar los párpados y bajar las pupilas; el labio superior se levanta por sus estremidades, al paso que los ángulos de la boca se bajan un poco; y el centro del labio inferior se eleva para juntarse con el superior en el medio de este.
En la risa moderada se retiran y elevan un poco los ángulos de la boca, la parte superior de las mejillas se alza, ciérranse mas ó menos los ojos, el labio superior se levanta, y el inferior se baja: cuando la risa es descompasada, ó se ríe á carcajadas, se abre la boca y se arruga la nariz.
Los brazos, las manos y todo el cuerpo tienen también parte en la espresion de las pasiones, concurriendo los gestos con los movimientos del semblante, á manifestarlas diferentes sensaciones. En la alegría, por ejemplo, los ojos, cabeza, brazos y cuerpo, se agitan con movimientos prontos y variados: en la languidez y la tristeza, los ojos están bajos, la cabeza inclinada á un lado, caídos los brazos y todo el cuerpo inmóvil: en la admiración, la sorpresa y el asombro , todo movimiento se suspende, y la persona permanece en la misma postura. Esta primera espresion de las pasiones es independiente de la voluntad ; pero hay otra especie de espresion que parece efecto de la reflexión del entendimiento y del imperio de la voluntad, y pone en acción los ojos, los brazos, la cabeza y todo el cuerpo. Estos movimientos parece son otros tantos esfuerzos que hace el alma para defender el cuerpo, ó por ló menos, otros tantos signos secundarios, que reiteran las pasiones, y pudieran por sí solos espresarlas: en el amor, por ejemplo, en el deseo y la esperanzare levantan la cabeza y los ojos al cielo, en ademán de pedir el bien que se desea, se inclina la cabeza y el cuerpo hacia adelante, como para anticipar la posesión del objeto deseado, acercándose á él, y se estienden los brazos y abren las manos para abrazarle y asirle; y por el contrario, en el temor, desolación y odio, adelantamos precipitadamente los brazos como para rechazar el objeto de nuestra aversión, volvemos á otro lado los ojos y la cabeza, retrocedemos para evitarle, y huimos para alejarnos de él. Estos movimientos son tan prontos que parecen invonluntarios; pero nos engaña el efecto de la costumbre, pues dependen seguramente de la reflexión; y su rapidez solo prueba la perfección de los órganos del cuerpo humano en la prontitud con que todos los miembros obedecen las órdenes de la voluntad.
Como todaS las pasiones son movimientos del alma, ordinariamente relativos a las impresiones de los sentidos , pueden espresarse por medio de los movimientos del cuerpo, y particularmente por los del semblante; de suerte que por la acción exterior, y observando las mudanzas del semblante, puede formarse juicio de lo que pasa en el interior, y de la situación actual del alma. Pero no puede juzgarse de esta por la figura del cuerpo ni por la delineacion del rostro, porque el alma no tiene forma alguna que pueda ser relativa á una forma material: asi vemos que un cuerpo mal formado encierra á veces una alma muy elevada; por lo cual no puede formarse juicio de la buena ó mala índole de una persona por las facciones de su rostro, dado que no tienen estas ninguna, conexión con la naturaleza del alma, ni la mas leve analogía en que pueda fundarse una conjetura razonable.
Sin embargo, los antiguos fueron muy dados á esta especie de preocupación, y en todos tiempos hubo hombres que intentaron hacer una ciencia divinatoria, fundada en los conocimientos fisonómicos que suponían tener; pero es evidente no poderse estender estos amas que adivinar los movimientos del alma por el de los ojos, semblante y cuerpo, pues la forma de la nariz, de la boca y demás facciones es tan indiferente para la forma del alma y la índole del sugeto, como lo es el tamaño ó el grueso de los miembros para el pensamiento. ¿Será mas ingenioso un hombre por tener bien hecha la nariz, ó menos cuerdo por tener los ojos pequeños y la boca grande? Es preciso, pues, confesar que cuanto nos han dicho los fisonomistas carece absolutamente de fundamento, y que no hay cosa mas quimérica que las inducciones que han querido sacar de sus supuestas observaciones metoposcópicas.
Las partes de la cabeza menos importantes para la fisonomía, y que menos contribuyen á caracterizar el rostro, son las orejas, las cuales están situadas á los lados y cubiertas con los cabellos. Esta parte, que es tan pequeña y poco aparente en el Hombre, es muy notable en el mayor número de los animales cuadrúpedos, en los cuales, no solo contribuye notablemente al aire de la cabeza del animal, sino que también indica su estado de vigor ó desfallecimiento, teniendo también movimientos musculares que denotan la sensación del animal, y corresponden á su acción interior. Las orejas del Hombre no tienen ordinariamente ningún movimiento voluntario ni involuntario, sin embargo de haber músculos que van á parar á ellas; y aunque por lo tocante á la hermosura, se acostumbra dar la preferencia a las mas pequeñas, lo cierto es que las mayores, y al mismo tiempo bien guarnecidas, son las que perciben mejor los sonidos. Hay pueblos que se esmeran en acrecentar mucho los lóbulos de las orejas, agujereándolos é introduciendo por ellos pedazos de madera ó de metal, que sucesivamente mudan, introduciendo otros mas gruesos, lo cual es causa de que con el tiempo se haga un agujero enorme en el lóbulo de la oreja, que crece siempre, según el agujero se ensancha. Algunos de estos pedazos de madera, que usan los indios de la América Meridional, tienen mas de pulgada y media de diámetro, y son de la misma hechura que las piezas del juego de damas. Es difícil adivinar en qué se funda esta estraña costumbre de acrecencar tan prodigiosamente las orejas, y no lo es menos saber de donde procede el uso, casi general de todas las naciones, de horadar las orejas, y en algunas también las narices para poner en ellas arracadas y anillos, á no atribuir su origen á los pueblos todavía salvajes, que hallándose desnudos, han inventado llevar consigo del modo menos in

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En octubre agua del diez al veinte, para todo es conveniente.
A la carne, vino, y si es jamón, con más razón.
Ojos que no ven corazón que no siente.
Cuanto mayor es la prosperidad, tanto menos se debe confiar en ella. Séneca

 

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