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Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología o Reino Animal. Antropología. Importancia y sublimidad del Hombre en la creación. 18

Los libros del Antiguo Testamento, en la parte de la literatura descriptiva, reflejan fielmente la naturaleza del país en que vivian los hebreos. Representan las alternativas de los desiertos, de las llanuras fértiles y de los bosques sombríos, que ofrece el suelo de la Palestina.
Vemos pues, de una manera sucinta, la influencia de la naturaleza animada é inanimada sobre el pensamiento y la imaginacion en diferentes épocas y en diferentes radios. Nuestro objeto al presentar este cuadro es demostrar ó hacer ver que, no siendo innato en el hombre el sentimiento de la naturaleza, no ha dejado de manifestarse en los diversos pueblos del mundo por la impresión que ha causado en ellos el contraste del conjunto de la naturaleza, ya sea en sus fuerzas, ya en sus fenómenos. Este sentimiento puro es el carácter mas sublime del hombre, el que le conduce á la felicidad espiritual, abstrayéndose del mundo material, después que le ha suministrado los datos suficientes para elevar su monumento. Este sentimiento que, como veremos bien pronto, se ha desarrollado rápidamente en los siglos XIII, XV y XVI, y en la época presente, son los que conducen al hombre á penetrarse de la unidad, armonía y dependencia mutua y relacionada que existe en toda la naturaleza creada, en todas las fuerzas, en todos los fenómenos, en todas las leyes del mundo. ¿Cómo puede haber criatura mas feliz ni mas sublime? ¿Quién, de los demás seres creados, osó levantar los ojos hacia los espacios celestes para conocer de un solo golpe de vista la relacion que existe en sus admirables leyes? ¿Quién si no él osó penetrar en estos arcanos admirables de la creación? ¿Quién pudo tener valor para demostrar la influencia de las fuerzas que animan los astros sobre los seres orgánicos é inorgánicos, y sobre nuestro planeta en general? ¿Quién, por último, pudo convencerse de la necesidad de admitir un Ser Eterno, cuyo poder se estiende sobre todo el universo, para conservar la regularidad y marcha soberbia de la naturaleza? Solo el hombre, que, dotado de la inteligencia y de imaginacion, recibiendo en su seno tanta diversidad de cosas, se levanta con un amor profundo á investigar las causas y las leyes por cuyo medio gobierna el Legislador Supremo.
Pasemos ahora á los siglos florecientes en que los grandes descubrimientos de la naturaleza ofrecieron nuevo campo á la imaginacion del hombre.
En el momento en que el mundo se encontró repentinamente engrandecido, todo se reunia para llenar el espíritu de magníficas imágenes y darle mas alta conciencia de las cosas humanas. Despues de la espedicion de Alejandro, los macedonios trasportaron concepciones sombrías del Indostan y de los montes Paropamisos, según las impresiones que aun podemos ver en las obras de los grandes escritores. El descubrimiento de la América renovó el efecto producido por la conquista macedónica; ejerció aun mas influencia que las Cruzadas sobre los pueblos occidentales. Por la vez primera el mundo de los trópicos descubrió á los europeos la magnificencia de sus fecundas llanuras, todas las variedades de la vida orgánica distribuidas en las pendientes de las cordilleras, con el aspecto de los climas del Norte, que parecen reflejarse sobre las palmeras de Méjico, de la Nueva Granada y de Quito. La imaginacion, sin cuyo prestigio no puede haber obra humana verdaderamente grande, da un atractivo singular á las descripciones de Colon y de Vespucio. Vespucio nos ofrece una prueba describiendo las costas del Brasil con un conocimiento exacto de los poetas antiguos y modernos. Las descripciones de Colon, cuando retrata el cielo dulce de Pária y la vasta orilla del Orinoco, que debe tener su origen según él se imagina, en el paraíso, sin que cambie por esto el lugar de esta morada, se hallan pintados con un sentimiento grande y religioso. A medida que avanzó en edad y que tuvo que luchar contra injustas persecuciones, esta disposicion degeneró en él en melancolía y exaltacion quimérica.
En las épocas heróicas de su historia, los portugueses y los castellanos no fueron guiados únicamente por la sed del oro, como se ha supuesto, no comprendiendo el espíritu de estos tiempos. El deseo de reconocer regiones lejanas era el espíritu de la época: los nombres de Haití, Cubagua, Darien, sedujeron las imaginaciones al principio del siglo XVI, como después de los viajes de Anson y de Cook los hombres de Tirian y Otahiti. El deseo de visitar países lejanos bastó, para arrastrar la juventud de la península española, de Flandes, de Milán, del Sud de Alemania, hacia las cadenas de los Andes y las llanuras ardientes de Hurada y de Cor bajo la bandera de Cárlos V. Mas tarde, modificándose las costumbres, y abriéndose á la vez tódas las partes del mundo á la inquieta curiosidad, fue entretenida por otras causas y tomó nueva dirección. Los espíritus se inflamaron de un amor apasionado por la naturaleza de que dieron el ejemplo los pueblos del Norte. Las miras se elevaron al paso que se engrandecía el círculo de la observación científica. La tendencia sentimental y poética que se encontraba ya en el fondo de los corazones, tomó una forma mas severa hacia el fin del siglo XV dando origen á obras literarias desconocidas en tiempos anteriores.
Si volvemos aun nuestras miradas hacia la época de los grandes descubrimientos que prepararon materia nueva á los espíritus, las descripciones de la naturaleza que Colon nos ha dejado se nos presentan las primeras naturalmente. Poco tiempo hace que conocemos su diario marítimo, sus cartas al tesorero Sánchez, á Juana de la Torre y á la reina Isabel; pero en ellas se advierte el profundo sentimiento de la naturaleza que animaba el gran viajero; con que nobleza y sencillez de espresion ha descrito la vida de la tierra, y el cielo, desconocido hasta entonces, que le descubrían sus miradas. Quien comprenda toda la energía de la lengua española en este período podrá apreciar sus pinturas.
La fisonomía característica de las plantas, el espesor impenetrable de los bosques, en los que apenas se puede distinguir cuales son las flores y las hojas que pertenecen á cada tronco, la natural abundancia de las plantas que cubren las orillas del mar, cada país nuevo que descubre le parece mas bello que el que ha descrito anteriormente. Se queja de no encontrar palabras con que trasmitir las dulces sensaciones que esperimenta. Completamente estraño á la botánica, bien que un conocimiento superficial de los vejetales se esparciese en Europa, debido á la influencia de los médicos árabes y judíos, el simple sentimiento de la naturaleza le condujo á observar atentamente todo lo que ofrecía un aspecto estraño. Vemos aquí por el diario de un hombre desprovisto de toda cultura literaria, qué poder pueden ejercer en un alma sensible las bellezas características de la naturaleza. La emoción ennoblece su lenguaje.
Pasemos ahora á demostrar la influencia poderosa que los árabes, elemento extranjero felizmente mezclado á la civilización europea, han ejercido en la ciencia de la naturaleza, bajo el punto de vista físico y matemático, sobre el conocimiento de los espacios de la tierra y del cielo, de su conformación y de su estension, de las sustancias heterogéneas de que se componen y de las fuerzas interiores que le animan. Veremos también su impulsión dada en el mismo sentido , seis ó siete siglos mas tarde por los descubrimientos marítimos de los españoles y de los portugueses. El descubrimiento del nuevo continente, que permitió contemplar esas cordilleras donde abundan tantos volcanes, estas mesas en las que todos los

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