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Los tres Reinos de la Naturaleza. Prólogo. 5

haces descender al águila de su altura; tú pueblas los bosques de alegres moradores y llenas el aire de suaves melodías. Por tí se viste la tierra en la primavera de nupcial ropaje y se engalana de flores; tu soplo es el que aníma á la microscopica semilla que cruza los mares en alas del viento en busca de su consorte, que le espera abierto el seno, en la opuesta orilla, sino es que se la lleva, reconocido algun insecto. Hasta las piedras manifiestan esta mágnifica fuerza de la traccion universal: en el iman, buscando el hierro; en ciertas tierras, formando mezcladas duro mortero por medio del agua; en otras, uniéndose intimamente, fundiéndose por solo la accion del calor; en las cristalizaciones, por esa accion maravillosa de las particulas, que á despecho de la ley de la gravedad, van a colocarse en filas simétricamente ordenadas para formar esos grupos que tanto escitan nuestra admiracion en el gabinete del mineralogista.
Quixá preguntareis: ¿cómo,pues, existen en la naturaleza y simultaneamente fuerzas contrarias á esa ley general de simpatía y de unión? ¿Por qué el lobo carnicero persigue al perro de muerte? ¿Por qué se precipita el halcón sobre la inocente paloma, y la araña sobre la mosca? ¿En qué consiste que está raquítico , lánguido y amarillento el lino que hemos plantado junto á la escabiosa ¿ Por qué á la estación de las flores y los frutos sucede el sombrío y aterido invierno? ¿Para qué las tempestades y los volcanes? Fenómenos todos, es verdad, contrarios, como otros muchos, á la atracción, pero que revelan igualmente la armonia del universo y la sabiduría de las leyes que lo rigen. Lo que destruye la naturaleza es siempre lo supérfluo, en sus grandes miras, ó lo desvirtuado. Por ejemplo, se vale de una especie para disminuir la escesiva fecundidad de otra: establece repulsión entre dos plantas, porque, alimentadas por una misma tierra, ninguna llegaria á su completo desarrollo, ni adquiriría sus cualidades privativas: hace estallar la tempestad para purificar la atmósfera viciada y refrescar los campos abrasados por un sol estivo : caen las hojas tras el fruto, y se cubre de fúnebre crespón la tierra, precisamente para perpetuar la vida de lo que destruye, reverdeciendo una y otra vez. Ella no cuenta los individuos sino las especies, y estas no pueden sustentarse multiplicándose aquellos al infinito. Destruye, pues, para renovar; se transforma para ser siempre joven y lozana; acaba para empezar de nuevo; mata para vivificar, ó digamos mejor, que duerme para descansar y reparar sus fuerzas. Éste doble fenómeno de la descomposición y la regeneración simultáneas es una condición necesaria para el equilibrio y conservación del universo. Creciendo al infinito las especies, llegaría á ahogarse la naturaleza en su propia riqueza, ó mas bien en sus superfluidades, y permaneciendo estacionaria, cesarían de obrar las leyes que mantienen la relación mútua de los cuerpos. En una palabra, la inmobilidad sería la muerte, asi como el movimiento espontáneo es la vida en todo ser organizado. Véase, pues, cómo del imperceptible insecto y de la menuda yerba que hollamos con nuestra planta,puede elevarse el espíritu á los mas sublimes pensamientos. Diremos mas : que nada sobrepone tanto al hombre á las miserias de la vida individual y las amarguras de la sociedad; nada dilata tanto los dominios de su inteligencia, y ningún estudio le ennoblece como el de la naturaleza. Acostumbrado á no ver en acción sino grandes medios para grandes fines; alejado de estas luchas ruines de las pasiones pervertidas que se agitan en el seno de las sociedades; obligado incesantemente á estudiar fenómenos siempre nuevos y á elevarse á la investigacion de las causas, aprende á despreciar las pueriles vanidades tras cuyo logro tanto se afanan otros; su razon adquiere la gravedad filosófica; ama á sus semejantes con ese amor que ve estendido en todos los séres del universo; y llena su alma, reconocida á la sabiduría, la omnipotencia y la bondad del Supremo Hacedor, un verdadero sentimiento religioso. El naturalista sabe que esos palacios espaciosos en que apenas cabe todavía el orgullo del hombre, esos arcos triunfales que los derramadores de sangre humana se hacen erigir, esos soberbios monumentos de las artes, esas .ciudades que hoy rebosan vida y opulencia, caerán un día como Menfis, Tebas ó Palmira, cuyas ruinas acaba acaso de ver cubiertas de líquenes y yedra, y habitadas por serpientes y buhos, ó quizá desaparecerán sepultadas bajo la lava de algún volcan, como Pompeya y Herculano. El sabe que de Ciro, Sesostris y Alejandro solo ha quedado un vago rumor en el mundo, apenas útil mas que para alentar á los ambiciosos; que una ráfaga de viento marchita una belleza; que una flor oscurece á los ojos del filósofo la magnificencia de los reyes; que un año de hambre puede engendrar una revolución capaz de trastornar las monarquías mejor cimentadas; que á un terremoto es dado hundir en una hora un vasto imperio. ¿Por qué se afanaría sabiendo que los hombres no son sino gotas de este gran río de la humanidad, que corren veloces á confundirse en el seno de la creación, y que la vida no es mas que un usufructo ?
No es, no, la Historia natural un mero pasatiempo ó una brillante superfluidad. Sin ella la agricultura no sería mas que un arte empírico; la economía doméstica carecería de los elementos principales del bienestar del hombre; la medicina conocería en vano las causas de las enfermedades; la mecánica perdería los mas ingeniosos modelos; la industria no existiría; faltarían los cambios de producciones, y con ellos el mayor bien que reciben las naciones del comercio, porque identifica sus intereses. Sin ella faltaría al poeta la fuente de sus inspiraciones; la filosofía hubiera continuado siendo un juego pueril de palabras sin sentido; y ¿quién sabe si los pueblos tienen mucho que aprender todavía del gobierno de las especies sociables? Pues bien, el que quiera recorrer con nosotros este vasto campo, que nos siga: le enseñaremos primero la sabiduría del precepto de Sócrates Nosce te ipsum; le conduciremos en seguida á los bosques en que moran esos astutos y graciosos cuadrúmanos, que tanto se semejan al hombre; le llevaremos despues á la cueva en que la fiera cuida sus hijuelos; subiremos

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