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Señas: Los perros de la Mórrígan
Pat O'Shea

El sapito verrugoso (relato)
Ilustraciones de Mónica Roca
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Los perros de la Mórrígan
Pat O'Shea
Siruela
Colección Las Tres Edades. 102. Madrid. 2003.
Por Chema G. Lera


-- Acerca de esta sección --

Señas es la nueva sección de E.L.F.O.S. que dedicamos a comentar obras literarias de reciente aparición


 

Un niño está a punto de abrir un viejo manuscrito encontrado en una oscura libreria de lance. El libro encierra una maldición que nadie sospecha: si la serpiente escapa del libro, las fuerzas del mal comandadas por la diosa Mórrígan se pondrán en pie de guerra para recuperarla y obtener su poder.

"Los perros de la Mórrígan" (con la acepción de perro cazador, podenco o sabueso como diríamos en España), está editado por Siruela en la colección "Las tres edades". Lo que tenemos ahora en las librerías españolas es una nueva edición en rústica del primer libro que se publicó en tapa dura con el número dos de la colección, y que ha quedado descatalogado. La directora de la colección, Michi Strausfeld, afirmó de esta obra en una entrevista publicada por la revista Babar que se trata de "un libro que nunca ha tenido la recepción que a mi modo de ver se merece". Esta es la razón por la que han decidido volver a publicarlo en rústica dentro de la celebración de los 100 números de la colección, y le han asignado el número 102.

Desde mi punto de vista, es un libro de lectura juvenil y adulta, y, en todo caso, de difícil lectura infantil (por debajo de diez-once años). Tiene cerca de 600 páginas, aunque también sucede algo parecido con Harry Potter, dicho sea de paso y sin pretender hacer ningún paralelismo, que no lo hay. Los protagonistas son dos niños: Pejota (Pidge), de 10 años y su hermana Brigit, de cinco, pero muchas de sus reacciones y comentarios no se corresponden en realidad con una niña de esa edad. Más bien parece un hada, adulta y niña al tiempo. Los nombres del niños son bien significativos: Brigit y Patricio, los santos míticos de la céltica irlanda. La acción transcurre en el entorno rural de Galway. La Mórrígan y sus dos terribles hermanas, diosas de la mitología irlandesa, se encarnan en tres divertidas ancianas y organizan una persecución de los dos niños, utilizando para ello una jauría de perros encantados. Quieren recuperar una serpiente maldita, Olc Glass, que ha aparecido en el interior de un libro comprado por Pejota en una librería de viejo.

La autora, Pat o'Shea, lo escribió a partir de un sueño que protagonizaba su propio hijo y tardó trece años en tenerlo terminado para la imprenta. A veces sí que podemos atisbar algún detalle que nos permite imaginarnos a Pat O'Shea como madre, narrando el cuento, como cuando dice lo mucho que odiaba Brigit las ortigas, o cómo jugaba con las arañas, pequeñas anécdotas familiares que muy probablmente sean reales en su origen. Pero toda la atmósfera del libro revela un conocimiento profundo y vasto de la mitología y el folklore celta irlandés que no puede eludirse en la lectura. De hecho, el lector agradecerá estar algo familiarizado con el tema. De no ser así, es difícil captar la grandiosidad y la malignidad de la diosa Mórrígan, que como los dioses del Olimpo es capaz de las mayores atrocidades sin ningún rastro de conciencia de culpa y con buena dosis de divertimento. Pat O'Shea se refiere a ella como la Diosa de las Batallas, la Graja Enlutada y la Reina de los Fantasmas, es decir, tres rostros para un mismo personaje, como las Parcas mediterráneas o las Nornas escandinavas. Ahora bien, la transformación literaria y mágica las hace pasar entre los humanos por tres alocadas y extravagantes ancianas que viajan en una Harley Davison. Y, a partir de aquí, todo es posible en el pequeño pueblo de los niños, Shancry. De hecho, para mí esta es la principal virtud de la novela: crear un escenario de ensueño, fantasía y mitos, y hacerlo creíble. Pat O'Shea nos lleva a caminar por nuestras calles mientras nos planteamos la coexistencia de mundos paralelos. En un pasaje del libro los niños dicen:

"-... Es sólo magia. Hay mucha por aquí, ahora; igual que en los tiempos antiguos.

-Siempre hay mucha; pero nuestra manera de verla es muy estrecha, la mayoría de las veces la llamamos naturaleza. Por ejemplo, no nos sorprende nada que podamos coger en otoño una manzana que en primavera era una flor rosa. Eso es magia natural y sin embargo no reparamos en ello (p.162-163)".

Pero el camino que emprenden los niños supone internarse en la verdadera dimensión de los mundos fantásticos y, como en un viaje astral, deben cruzar tres aguas para ello. Además, como en toda leyenda que se precie, "no hay nada en el mundo tan tentador como un bosque, sea de la clase que sea, por sus misterios (197)", "el bosque lo colmaba todo ... en especial, el sentido del misterio (198)". Y como les dice Sonny, el enano de la Casa de Mitad del Camino, "seguís estando en Irlanda, pero estáis también en el Mundo de las Hadas. Es igual y es diferente, es lo mismo y no lo es (p. 386)".

En el mundo al que llegan atravesando el campo de las rocas, aparecen personajes que, como la Mórrígan, son dioses disfrazados: el Dagda, Finn y Daire. Y también personajillos propios de los cuentos infantiles llenos de ternura y humor, que les ayudan: arañas, una rana, el zorro Currú, una tijereta, gansos... Cualquiera que haya disfrutado como yo de los pequeños cuentos folklóricos a la luz del fuego de una cálida chimenea, se sentirá cómplice cercano a cada uno de ellos y de sus historias: la tijereta que es soldado de Napoleón, una vieja dueña de unos gansos a la que le llueve permanentemente encima de su cabeza, el grillo violinista, las arañas que tejen y fuman en pipa, la cometa...

Junto con esas luminosas pinceladas, y con la misma naturalidad, la autora crea parajes y situaciones tenebrosas e inquietantes para el lector, que quedan grabadas en su memoria: las cabezas parlantes de los siete Maines, el castillo incendiado, la cueva del monstruo... Los perros protagonistas del título, por su parte, son capaces de despertar terror infernal y compasión al mismo tiempo, porque acaban viéndose esclavos de los deseos de la Morrígan que les impide seguir sus inclinaciones propias de la raza.

"Los perros de la Mórrígan" es un libro serio en la medida en que recupera y pone a disposición de un nuevo público los secretos de una de las mitologías más profundas. Al mismo tiempo, es un libro escrito con cariño, ternura y humor. Un libro que, sin duda, les hubiera gustado leer a los Hermanos Grimm.

"Nuestras fronteras están hechas de brumas y sueños y tenues aguas: de tiempo en tiempo alguien cruza esos umbrales" (p. 386)".

Cubierta de la edición inglesa

C U R I O S I D A D E S :

Premio a la traducción al español.

El traductor del libro, Francisco Torres obtuvo el Premio Nacional de Traducción de Literatura Infantil y Juvenil, en 1991, por "Los perros de la Morrígan".

Otros libros de Pat O'Shea

El cuento "La botella mágica" y el relato "Finn MacCool y los hombres pequeños de Deeds", que no están traducidos al castellano.

Un guiño a los ilustradores y los bibliófilos.

Cuando el niño protagonista coge el manuscrito, la autora describe con todo detalle la emoción que le supone tocar un papel preparado por un monje medieval. Pejota se lo imagina preparando los colores para usarlos en las iluminaciones, lo costoso del proceso, el valor que debía dar a cada uno de los pigmentos, porque en este mundo digital se nos ha olvidado lo difícil que era tener colores y tintas para escribir y dibujar.

FICHA BIBLIOGRAFICA:

 LOS PERROS DE LA MÓRRÍGAN

Pat O'Shea
Las Tres Edades nº 102 rústica

Traductor: Francisco Torres Oliver
Ilustración de cubierta: Alfonso Ruano

ISBN: 84-7844-696-6

Fecha de publicación: 2003-06-10

552 págs.

En el siguiente número...

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© copyright 2002 de los autores
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