ELFOS. Escritos de Leyenda, Fantasía y Obras Similares


E D I T O R I A L

Un hombre sube a un banco en una placita. No tiene pinta de vagabundo, ni de borracho, ni de gamberro.

-¡Señoras y señores!

Ha comenzado a gritar, aunque no mucho. Lo suficiente para atraer la atención de los paseantes. Luce el sol. Las nubes negras han desaparecido borradas por el fuerte viento.

-¡Niñas y niños!

Será un actor callejero. Como las estatuas vivientes ya están muy vistas, ahora hay que buscar nuevas fórmulas. Quizá.

-Estamos en este lugar, en este jardín...

Habla sin esperar a tener público. Algunos lo miran ya, pero no se detienen.

-...en este rincón de ensueño ...

Lentamente va consiguiendo un corro, desordenado al principio. Aquí y allí se adivinan algunos amigos y amigas que le apoyan como público.

- ...para darles a conocer ...

Como el mundo infantil está más acostumbrado a sentarse alrededor de cuentacuentos, payasos, magos, músicos y maestros, y allí donde va una niña, pronto van dos o tres más detrás, con curiosidad infantil, muchos niños y niñas se van acomodando a los pies de aquél hombre simpático.

- ...¡El maravilloso Virreinato de Atún!

Como por arte de magia, el hombre del parque ha sacado un librito y lo enseña orgulloso a su público.

Esto -o algo parecido- sucedió en en la plaza de La Pinocha, esquina Santa María y El Lucero, Mar de las Pampas, Villa Gesell, Argentina. Alfredo Parra ha elegido esa esquina de la plaza para presentar la novela infantil que acaba de escribir. Dice que se trata de un lugar de cuento, que le hubiera gustado a Andersen. La historia de Alfredo Parra es real, pero parece sacada de un cuento. Abandonó su trabajo, su carrera y se fue a vivir junto a la mar atlántica, con su mujer y sus dos hijos. Construyó una casita de madera y colocó un barco en la puerta. Se hizo pescador y cocinero. Va en bicicleta y tiene un perro blanco. Además escribe cuentos. Lo conocí en la lista de correo de la revista Babar. Y me conmovió. Pueden encontrarlo aquí: www.airedemar.com.ar

En esta era de la comunicación de masas, en esta sociedad mediática, en este maremagnum de famosos, aún existen personas que se atreven a presentar su libro sin que medie rueda de prensa alguna, sin cena de gala, sin cámaras de tv ni cotilleos. Nada que ver con la marabunta de la entrega de premios Planeta, retransmitida a todo trapo y en directo por televisión. Nada que ver con Clubes, Lobies, Asociaciones y demás pandilleo literario.

Una persona sencilla. Mucho amor a las palabras. Imaginación. Mucho que contar. Un banco en una plaza. Un niño, un sólo niño que lea el libro y el acto de escribir habrá dado su fruto.

Hace algún tiempo leí unos consejos para ser escritor. Sólo uno me pareció aprovechable: dedicar diez minutos al día a emborronar el papel con lo que a uno se le ocurra. E ir guardando junto lo escrito. Leerlo sólo al cabo de un mes. Como la ardilla que acumula frutos en el tronco hueco del abeto, las palabras que hemos escrito podrán convertirse en despensa para saciar un libro.

Chema G. Lera
Quinzano, octubre 2003

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© copyright 2003 Chema Gutiérrez Lera
Revista E.L.F.O.S.
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