Número X MMII Septiembre-Octubre

Dragones y Símbolos (II)
Mouras Encantadas (Leyendas de Portugal)
La nube negra (relato)
Las razones de la Tierra (relato)

La Dama del Lago y otros Poemas
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La Nube Negra
Por Santiago Alvarez Martín

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El flaquísimo rocín resopló inquieto ante aquella figura de olor extraño y aún más extrañas ropas que se acercaba con pasos indecisos. Con los ojos muy abiertos miraba al hombre mientras golpeaba la tierra con una de sus patas delanteras. Un relincho asustado salió de su boca, entrecortado por el hierro del freno, al que comenzó a mordisquear para tratar de tranquilizarse.

El hombre que se acerca tiene una edad indefinida entre los cuarenta y cinco y los sesenta años. De constitución media, el detalle que más resalta en su figura es que le falta la mano izquierda. Se nota cansado, su rostro da muestras además de desconcierto o desorientación.

Camina lentamente la poca distancia que lo separa del local situado más o menos al centro de aquello que no sabe clasificar, dudando entre si llamarle aldea, caserío o poblado. A su espalda quedan las arenas que conservan la huella de sus pasos. El hombre hecha un vistazo a su alrededor. Le llama la atención un caballo que no puede ser más enclenque, de lomo arqueado, con las costillas y la columna vertebral contenidos solamente por la piel llena de ronchas, manchas y mataduras. Una miríada de moscas le molestan constantemente. No puede precisar si aquel jamelgo de mala muerte está inquieto por su presencia o por los insectos que virtualmente le cubren el lomo y la cabeza, lo ve piafar inquieto.

- Póngame otro tequilita compadre, el del estribo.

- Parece que su caballo está asustado, compadre, debe ser por ese viejo que viene para acá.

- Es que Tormenta es muy brioso y no le gustan los ajenos.

- ¡Ja! Qué clase de nombrecito para ese saco de huesos, qué este mi compadre.

- No me lo maltrate compadre, tendría que haberlo visto asté cuando era un potro, no había otro como él, le sacaba tres cuerpos a los más corredores.

- Eso fue cuando el cura Simón era monaguillo.

- El padre Simón tiene como cien años compadre, no exagere.

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