Número IX MMII Julio-Agosto

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Dragones (I)
por Chema G. Lera

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"El tiempo ha desgastado notablemente el prestigio de los dragones.
Creemos en el león como realidad y como símbolo;
creemos en el minotauro como símbolo, que no como realidad;
el dragón es acaso el más conocido,
pero también el menos afortunado de los animales fantásticos.
Nos parece pueril y suele contaminar de puerilidad las historias en que figura.
Conviene no olvidar, sin embargo, que se trata de un prejuicio moderno,
quizá provocado por el exceso de dragones que hay en los cuentos de hadas."
Jorge Luis Borges

 

A pesar de esta aseveración de Borges, pocos seres legendarios han pervivido en la memoria colectiva con mayor intensidad que los dragones. En todo el mundo y en todas las épocas han existido leyendas acerca de ellos. Su figura ha sobrepasado el ámbito de la transmisión oral, para ocupar espacios propios en los textos sagrados y en la iconografía universal. Pocos seres pueden presumir de fugurar al mismo tiempo tanto en templos cristianos como budistas, tanto en textos hebreos como musulmanes. Los dragones rozan la divinidad.

©Chema G. Lera&Mingo

Para una parte de la Humanidad, los dragones son seres surgidos de las profundidades y el caos de la creación, y representación absoluta de Mal. Para otra parte, son seres celestes que acumulan el poder de la creación y la sabiduría, y ordenan como divinidades el Universo.

Quizá la consideración más antigua del dragón coincida en todas las culturas. Cuando la mitología o las religiones acuden a la búsqueda de símbolos para representar el oscuro origen del Universo, el dragón está allí.

El dragón como misterio. El dragón como génesis. El dragón como fuego, agua y aire.

Quizá también, la apariencia externa del dragón pueda coincidir al menos en algunos aspectos: hay en él algo de reptil, hay fauces inmensas, hay posibilidad de volar, hay un tamaño gigantesco. Y nos tememos que hay poco más. Porque con los siglos, los dragones adoptan características peculiares y diversas, que hacen muy difícil una identificación. Todo lo contrario a lo que ocurre con otros seres, como los unicornios.

 

Algunos rastros del dragón

 

Veamos, en el libro de Job, se dice: " ¿Sacarás tú al Leviatán con anzuelo... Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama...' (Job 41:1-34)". En el Antiguo Testamento, la palabra dragón se utiliza muchas veces. Por ejemplo, '...al cachorro de león y al dragón hollarás' (Salmo 91:13), 'Haré de Jerusalén un montón de ruinas, una guarida de dragones...' (Jeremías 9:11).

Fuera de los textos bíblicos hebreos, encontramos a Gilgamesh, héroe de una leyenda babilónica que mató a una criatura enorme parecida a un reptil llamada Kumbaba. Los Britones relatan la muerte por un monstruo reptiliano del rey Morvidus de Gales unos 300 años antes de Cristo. El rey Peredur, sin embargo, logró matar a su monstruo en Gales.

El poema épico anglosajón Beowulf cuenta cómo el héroe escandinavo Beowulf (c. 495-583 d.C.) mató a un monstruo llamado Grendel, y a su madre, así como a varios reptiles marinos. Murió anciano luchando contra un dragón volador. Otras historias bien conocidas en las que se enfrentan héroes medievales y dragones son las de Sigifrido de los antiguos Teutones (posiblemente la misma persona que Sirgud de Old Norse, quien mató a un dragon llamado Fafnir), Tristán, el Rey Arturo, y Sir Lancelot, de Bretaña, y quizás el más famoso de todos, San Jorge de Capadocia, quien se convirtió en el santo patrón de reinos como Aragón (en España e Italia) o Inglaterra.

Cimera de Martin el Humano

La insignia del dragón fue usada por muchos ejércitos. Bajo los últimos emperadores romanos de oriente, la insignia del dragón, de color morado, se convirtió en el estandarte de ceremonias, llamado el drakonteion.  En Inglaterra el dragón era la principal de las insignias reales en la guerra, desde Uther Pendragon, padre del Rey Arturo. Otros reyes que usaron la insignia del dragón fueron Ricardo I durante las cruzadas, y Enrique III cuando fue a la guerra contra los Galeses. En España, el rey de Aragón Pedro IV hizo famosa su cimera, llamada el drac alat, que representaba sobre su yelmo una figura de dragón con las alas extendidas, figura años más tarde confundida con un murciélago (como se cuenta en E.L.F.O.S. número II)., y heredada por los reyes de la Corona de Aragón.

En China, el dragón aparece como el símbolo nacional y la insignia de la familia real, y el dragón adornó la bandera china hasta la fundación de la República China, en 1911.

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