Número IX MMII Julio-Agosto

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El Dragón del Diluvio
Por Chema G. Lera

Hace mucho tiempo, en la época perdida del olvido, habitaba un dios llamado Tien Ti. Un día, observando a la raza de los hombres que poblaba la primera Tierra, se dio cuenta de que esos seres, débiles e indefensos, poco a poco, iban aumentando su conciencia de poder sobre todo lo que les rodeaba.

-Insensatos -pensaba Tien Ti con pensamientos que cubrían los cielos de nubes negras-. Creéis que por pareceros a los dioses podéis ser iguales a nosotros. En vez de humillaros, en lugar de reconocer vuestra ignorancia para recibir nuestra sabiduría, os estiráis por encima de vuestros perros, y montáis vuestros caballos, y taláis vuestros árboles para construir moradas bajo el techo de todos. ¡No sabéis lo que os aguarda!

Y Tien Ti se retiró durante mil años a meditar el castigo que debía imponer a la raza rebelde. Durante ese tiempo los seres humanos crecieron a la par en soberbia y estulticia, y cuando Tien Ti regresó no pudo hacer otra cosa que ejecutar el castigo que había ideado:

-Nada más que piel y huesos son los hombres, borremos su mundo, pues nada aporta al Bien, la Verdad ni la Belleza.

Y lanzando un suspiro, desató todas las fuerzas de los cielos contra la primera Tierra, y convocó las aguas del Diluvio, y no quedaron lágrimas en la morada de los dioses, y la lluvia azotó durante otros mil años el mundo de los hombres, hasta hacerlo desaparecer.

Dragón chino

Pero Yu, el Dragón emperador, despertó de su eterno sueño celeste. Y se compadeció de los hombres, pues aún veía en ellos el rescoldo de una chispa de sabiduría, y rogó a Tien Ti que les perdonara. Entonces Tien Ti accedió al ruego de Yu, pues grande era su poder y sabia su voz. Y llamó a la Tortuga.

El Dragón Yu y la Tortuga recorrieron el mundo para rehacerlo durante trece años. La Tortuga llevaba sobre su espalda una Tierra Mágica, y allí por donde pasaba, el suelo se asentaba y la cálida tierra lo cubría. Pero la Tortuga creaba montañas sin valles y cumbres sin llanos. El Dragón sabio entonces, fue tras la Tortuga surcando los aires, y utilizó la punta afilada de su cola serpentina como un yugo, y dibujó las líneas de los ríos, y encauzó las aguas, y creó un tapiz maravilloso con valles fértiles donde los humanos pudieron habitar. Y por último, con su cola de serpiente, Yu desvió el Río Amarillo y precipitó sus aguas en el abismo, para alejar la amenaza de la inundación.

Aún realizó muchas otras hazañas Yu, al que llamaron el Grande. Y sólo contaremos una más: Como viera que los hombres vivían felices, pero cada uno habitaba lejos de su vecino, adoptó la forma del oso, y con sus tremendas garras de afiladas uñas hendió las montañas y creó los caminos.

Y cuenta la leyenda que Yu, el Dragón emperador, trazó los ríos y los caminos según las líneas de las letras de una antigua lengua, y que desde lo más alto del cielo pueden leerse aún las palabras mágicas de la Creación que quedaron escritas en la tierra para siempre…

© 2002 Chema G. Lera
Recreación literaria de una leyenda tradicional china. El último párrafo es invención del autor.

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