Número VIII MMII Mayo-Junio

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Arboles mágicos III: el Mayo
Por Chema G Lera

Este número de E.L.F.O.S. ve la luz en el tiempo en el que los dioses de la Naturaleza vivifican la tierra en la mitad del Planeta y bullen en su interior semillas, espigas y brotes. Es el momento de la Fiesta del Arbol por excelencia, aunque poco a poco en en la vieja Europa vayamos olvidándolo. Parece que el único árbol ritual que sobrevive en nuestro tiempo sea el Abeto de Navidad. ¿Y el Mayo?

Durante mucho tiempo, en épocas antiguas, mayo fue el mes en el que se rendía un culto divino a los árboles y a la Naturaleza. Tan fuerte era ese culto, que hasta no hace mucho pervivió en bastantes pueblos de Europa el nombre de Mayo para designar al árbol protagonista del antiguo rito. Aún hoy en muchos lugares de España, sobre todo en aquellos con mayor pervivencia de la herencia celta, el Primero de Mayo es momento de celebración de este rito singular:

Los hombres salen durante la madrugada al monte. En algunos sitios, brillan las hogueras. Hay que elegir el árbol más alto. Hay que talarlo. Hay que arrastrarlo hasta la plaza mayor del pueblo, o, según variantes, cada joven elige uno para su casa. Una vez allí, pelado o no el tronco, hay que hincarlo en el suelo.

Y el alma del árbol se yergue imponente contra el cielo; y fertiliza la tierra en la que se clava; y comunica a los mortales con el cielo...

Plantado el mayo, sujeta en su extremo más alto una recompensa, que bien puede ser un animal al que luego se dará buena cuenta en el banquete (lifara, dirían en Aragón), los jóvenes comienzan los alardes de fuerza y habilidad para trepar por el tronco, muchas veces untado de resbaladiza manteca, con el objetivo de alcanzar el premio y, con él, quién sabe, la promesa de amor de una muchacha. Otras veces el árbol se adorna con cintas, flores y frutos, pero no se trepa por él, y sólo se baila a su alrededor.

(La casa de uno de mis antepasados, fue llamada "Casa el Pino", pues al parecer frente a ella colocaban siempre el mayo más alto del lugar. Nota del editor.)

La influencia católica hizo derivar los antiguos ritos en un alarde de sincretismo hasta la fiesta de la Invención de la Santa Cruz, en la que el árbol pasó a ser una cruz a la que se envolvía de flores y ramas.

He aquí cómo el árbol fue hace tiempo un dios. El rito que acabamos de comentar contiene reminiscencias de las antiguas celebraciones celtas de Beltane, en honor al dios Belenos.

La fiesta de Beltane marcaba el inicio del verano. Se celebraba de noche, pues los días se contaban a partir de la puesta de sol, y no de madrugada. Se elegía una mujer para que representara una de las caras de la Gran Diosa celta. Era la Reina de Mayo.

(En España hay lugares donde sigue celebrándose la elección de la Maya, una niña vestida de blanco y coronada de flores, práctica que fue prohibida por cédula de Carlos III; en Aragón, Mairalesa es el nombre que reciben aún hoy las reinas de las fiestas de primavera y verano)

Siguiendo el rito celta, la música y las danzas invitaban a la fertilidad de la Naturaleza, y la Reina de Mayo era simbólicamente fecundada por el árbol sagrado del mes (pues cada mes tenía uno, en la religión celta). Este árbol de mayo era el Saúco.

Siguiendo el rito celta, la música y las danzas invitaban a la fertilidad de la Naturaleza, y la Reina de Mayo era simbólicamente fecundada por el árbol sagrado del mes (pues cada mes tenía uno, en la religión celta). Este árbol de mayo era el Saúco.

El Saúco Mágico

Pocos árboles existen con mayor tradición feérica y brujeril. En Irlanda, los caballos mágicos -los palos de escoba- que montan las brujas son de saúco, y, sin embargo, muchas casas irlandesas lucen ante sus paredes saúcos que las protegerán de los rayos de tormenta. En algunos lugares se utilizan las ramas para hacer cruces que protegen casas y ganados.

Durante el festival de Beltane, además de recoger el rocío, también se recolectaban las flores del Saúco y se colocaban en las puertas: eran la mayor protección contra la magia negra. Su recuerdo pervive en las enramadas de algunos pueblos en la actualidad.

Hay muchas leyendas y cuentos sobre la Vieja Dama del Saúco o la Hyldemoer, la Madre Mayor de los daneses.

© 2001 Chema G. Lera

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