ESPECIAL SAMHAIN Número V MMI Noviembre-Diciembre

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Samhain

En el mundo celta, en el que la religión formaba parte de las costumbres diarias, los días se contaban por noches y lunas, y el año se dividía en cuatro períodos o estaciones, separados por otras tantas noches especiales, llenas de magia y poder místico. Una de esas noches era la de Samhain, el uno de noviembre.

Los pueblos galos -así llamados los celtas por César en sus escritos- celebraban esa noche el paso de una época del ciclo vital a otra, la vida crecía a partir de entonces de manera interna: todo en la naturaleza parecía detenerse. Era el momento en el que los espíritus muertos regresaban para despedirse de sus familiares, anunciando el comienzo del invierno. El dios de la muerte así lo permitía. En todas las aldeas se encendían hogueras para señalar el camino de vuelta y para protegerse, y se depositaban ofrendas, tanto para los dioses como para los difuntos. Se alababa a Dagda, dios de la vida y la muerte, y a Morrigu, reina de fantasmas y demonios.

Los ejércitos del Imperio romano, fueron asentándose en las tierras conquistadas, y fueron adoptando las mismas costumbres. Por si eso fuera poco, decidieron honrar a una de sus diosas haciendo coincidir la fiesta con la del Samhain. Pomona era la diosa de los frutales, y en su honor celebraron la Fiesta de la Cosecha el treinta y uno de octubre, aunque ya los celtas celebraban una fiesta menor de la cosecha en el equinoccio de otoño, el 21 de septiembre.

La religión cristiana que se extendió posteriormente por esos mismos territorios adoptó las celebraciones previas, dándoles una especie de "visto bueno" al convertirlas en las conmemoraciones de "Todos los Santos" y "Todos los fieles difuntos", el 1 y el 2 de noviembre respectivamente.

La denominación "Halloween" se deriva de las palabras inglesas "Todos los santos", y su popularidad en norteamérica se remonta a las emigraciones irlandesas. Curiosamente, ahora es el poder mediático de los Estados Unidos el que está consiguiendo reintroducir la celebración en el territorio europeo donde se originó.

En los pueblos de España con mayor influencia de las penetraciones celtas, permanecieron diversos aspectos del Samhain, como la presencia del fuego. Y, por supuesto, el culto a los muertos tan arraigado en toda la península. En algunos lugares, como en el Pirineo aragonés, la celebración de "Toz os santos" todavía se mantuvo rodeada de antiguas creencias y ritos, y el trato con las "Almetas" o espíritus difuntos era algo habitual en la vida de las aldeas más aisladas. Para ellas, se depositaba un plato de alubias la noche del uno de noviembre. A la mañana siguiente, cuentan los viejos, aparecían sobre la mesa, separadas, tantas judías como misas necesitaban las "Almetas" para lograr su descanso eterno.

Esta noche es una de las preferidas para las reuniones de las brujas.

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Revista ELFOS
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