Número II MMI Mayo-Junio

Jordi José. Entrevista Sci-Fi
Murciélagos y dragones.
La leyenda de la Dona d'Aigua
Sirenas y Bardos. Poesía.

Un viejo esqueleto. Relato.
Bécquer. Leyendas desde el Moncayo II.
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Bécquer
Por Silvio W. J.

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Bécquer

En nuestro país, que ha dado al mundo notables escritores, ha sido infrecuente el ejercicio de la literatura fantástica.

Fuera del celebrado Cervantes, cuya obra soporta con solvencia el paso de los siglos, el más ilustre autor español en ese género muy bien podría ser Gustavo Adolfo Bécquer.

La historia lo recuerda por sus Rimas, pero su fuerza expresiva nunca halló mejor acomodo que en las Leyendas y Narraciones.

Cuando yo leí por primera vez a Bécquer tendría alrededor de quince años. Si bien la cadenciosa melodía de las Rimas resultó agradable a mi corazón adolescente, fue la magia tenebrosa de sus Leyendas la que consiguió atraparme para siempre.

Aunque sevillano de nacimiento, su prosa nos hace evocar otros territorios más hostiles. Tal vez la temprana muerte de sus padres, el internamiento en un orfanato, la grave enfermedad que contrajo con apenas 22 años, hayan sido los factores que habrían de determinar su inclinación literaria.

Heredero de Edgar Allan Poe, Bécquer escribió leyendas de amor y muerte (El Beso), de picaresca romántica (El Cristo de la Calavera), de pasión desengañada (El Rayo de Luna), siempre teñidos de un profundo respeto por las tradiciones religiosas. Un lector despistado podría atribuir a Bécquer la autoría de "El Pozo y el Péndulo". Salvando un océano, "Creed en Dios" bien pudo haber nacido de la atormentada pluma de Poe.

Quizá un único rasgo distingue a Bécquer: La adecuación de los símbolos terribles a las tradiciones de la España decimonónica. Así, no es extraño que algunas de sus leyendas hayan transcendido lo meramente literario para transformarse en retazos de la mitología popular.

Acusado de plagiar a los románticos alemanes, Poe dijo en una ocasión "el horror no viene de Alemania, sino del alma". Del alma de Gustavo Adolfo Bécquer nacieron relatos estremecedores, vívidos. Su pluma los plasmó para la posteridad hace más de cien años, a mediados del XIX. En este XXI que comienza pueden ser leídos con la misma pasión con la que, sin duda, fueron escritos.

Silvio WJ

En la biblioteca de los Buscadores de Leyendas del Universo se conservan sus libros. Uno de ellos, el Gnomo, termina así


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