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La juderia de Tarazona. Información Turística sobre Aragón.


1.- CONTEXTO HISTÓRICO:

Probablemente en Tarazona, como sucede en Huesca o Zaragoza, existió una pequeña comunidad judía en el período visigótico –e incluso bajo imperial-, que se consolidó bajo dominio musulmán. No obstante, las noticias documentales se multiplican después de su integración en el reino de Aragón, cuando alcanza su madurez y configuración definitiva.

 

Tras la conquista de la ciudad por Alfonso I, se reconocen en 1123 al obispo de la sede los derechos tributarios y las lezdas de las tres comunidades que la habitaban, siendo hasta su extinción uno de los principales propietarios de la judería, con un patrimonio aproximado de veinte casas y diez tiendas.

 

Sin embargo, su colectividad adquiere mayor importancia en la llamada “edad de oro” del judaísmo hispánico (1213-1283), caracterizada por el ascenso de altos funcionarios –proceso iniciado en el reinado de Jaime I (1213-1276) y consolidado con Pedro el grande (1276-1285)- consagrados a tareas económico-administrativas, hasta el punto de que durante este período las finanzas de la Corona estuvieron controladas en gran medida por los judíos. Entre ellos destaca el turiasonense don Muça de Portella, que en la inmensa mayoría de los documentos adopta la grafía árabe frente al onomástico hebreo Moshe. En su primera aparición pública (1273) ostenta el cargo de alcaide y baile de la aljama judía de Tarazona, para pasar más tarde al reino de Valencia –donde fue baile de Morella, Onda, Peñíscola, Sagunto, Segorbe y Villarreal-, y ser promovido en 1276-77 a la bailía y merinato de su ciudad natal. No sólo se ocupó de la recaudación de impuestos y de la consolidación de las fortificaciones fronterizas con Castilla y Navarra, sino que se implicó en la administración de rentas episcopales y nobiliarias.

 

Sólo tres años antes de las Cortes de 1286 exigieran al soberano que fuese separado del cargo, su influencia se extendía por todo Aragón, siendo poco después asesinado en circunstancias todavía no esclarecidas. Su fortuna fue confiscada por Alfonso II para contribuir a los gastos de la conquista de Menorca, aunque un acuerdo posterior les permitió conservar su prosperidad económica, si bien a cambio de trasladar su residencia a las proximidades de Borja. Su hermano Ismael, que prosiguió desempeñando las tareas de recaudador (hasta 1289), fue administrador privado del infante don Pedro y rab de los judíos del reino de Aragón con Jaime II. La familia mantuvo el privilegio que le permití pagar tan sólo un quinto de los impuestos de la aljama, cuando hubieran podido afrontar todos los gastos de la comunidad. Cuando fueron privados de toda influencia en la administración, se mudaron al vecino reino de Navarra.

 

Desde los padrones fiscales de 1271, la aljama figura entre las dieciséis comunidades de realengo de Aragón, con una tributación media del 3%. Poco después, en 1285, Pedro III ratifica la primera regulación comunitaria relativa al pago de impuestos de sus miembros. Las primeras dificultades financieras se presentan al concluir el siglo –residían en estos momentos unas dieciséis familias-, mereciendo la condonación de un tercio de los impuestos ordinarios, que entonces alcanzaban los 3.000 sueldos. Afrontan, asimismo, la cena de presencia, que en 1327 asciende a 66 sueldos 8 dineros –igual que Daroca, Jaca y Alagón- y la cena de ausencia –aplicada también a Zaragoza, Huesca, Teruel y Ruesta- que supone 200 sueldos. Al igual que en Zaragoza, Pamplona y Huesca, existió un centro de traducción –de menor entidad que Toledo- donde se vertían las obras del árabe al latín. En esta misma época, y debido a la grave crisis socio-económica padecida, el kahal de Tarazona cotiza en torno al 1,9% de los subsidios extraordinarios, en posición cercana a Ejea de los Caballeros y Uncastillo.

 

Con motivo de la guerra de los Dos Pedros, la ciudad fue tomada sucesivamente por las tropas castellanas –frenando sólo ante las fortificaciones de Daroca-, siendo la más cruenta la producida en el trienio 1357-60, suponiendo su práctica destrucción. La judería, evidentemente, corrió la misma suerte y fue saqueada. De hecho, el 13 de marzo de 1367, poco antes de trasladarse a las Cortes de Zaragoza y dada la proximidad de las topas navarras y gasconas, Pedro IV se planteó la posibilidad de desmantelarla para que no cayera en poder del enemigo. Tras una laboriosa reconstrucción –los primeros pasos para el reasentamiento de los judíos huidos data de 1370, según las órdenes recibidas por el baile, aunque no surtieron efecto hasta veinte o treinta años después-, residirá durante cierto tiempo el célebre rabino tudelano Shem Tov b. Isaac Shaprut, a comienzos de la década de los ochenta, después de haber polemizado en Pamplona con el cardenal Pedro de Luna (1375), futuro Benedicto XIII, ejerciendo en la ciudad como físico eminente.

 

Las alteraciones o alborotos que azotan la Corona de Castilla y diversos territorios de Aragón no se dejan sentir en la ciudad, tanto por la protección del concejo –precisado de su apoyo financiero- como por la interacción socio-económica existente entre ambas comunidades, que los hacía necesarios después de los estragos de la peste y la prolongada contienda bélica reciente. De hacho, en el año 1391 se firmarán los capítulos de la “guarda de la judería” donde, mediante un pago anual de 200 sueldos, el concejo garantizaba la defensa de sus personas y patrimonios, así como la vigencia de los derechos forales como la presunción de inocencia. Si durante el siglo XIV la judería alberga entre 200 y 250 personas (en torno a un 10% ó 15% del total), a fines de la centuria se identifican más de 108 personas, 55 de los cuales son varones mayores de edad, lo que permite establecer una cota no inferior a 225 ó 275 personas.

 

No existe constancia de conversiones masivas tras la Disputa de Tortosa (1413-1414), como sí sucede en Daroca o Calatayud. En evitación de males mayores, el infante amparará bajo su protección a todos los dirigentes y miembros de la aljama, prohibiendo que fueran detenidos por cualquier delito, lo que explica su consolidación frente al grave retroceso del judaísmo aragonés. Igualmente, la política proteccionista emprendida por Alfonso V, a través de medidas fiscales flexibles, le permitirá mantener un equilibrio socio-institucional que proseguirá con su sucesor Juan II. A mediados del siglo XV, a causa de la presión demográfica, se configura la “judería nueva”, con lo que se incorpora un tercio más de suelo urbano, para una comunidad que grosso modo ronda las 400 personas.

 

El clima de tolerante convivencia se quiebra tras la implantación del Santo oficio, y en especial una vez que se crea el tribunal de distrito, poco después que en Teruel. Sus actividades comienzan en 1484 y se prolongan hasta la reorganización producida a la muerte de Fernando II, en que los procesados serán juzgados en Zaragoza. Entre las familias conversas más reconocidas destacan los Santa Fe, los Santángel y en parte los Cunchillos.

 

Una vez decretada la expulsión general de los reinos hispánicos bajo soberanía de los Reyes Católicos, el 31 de marzo de 1492,gran parte de los judíos no convertidos emigra a las cercanas aljamas de Tudela (Juce Orabuena, Simuel Azamel, médico, etc) o Cascante (Sento Amariello, rabino, etc.), con la que existen intensos vínculos comerciales y familiares. Las últimas familias abandonaron el barrio el 31 de julio. Aunque es difícil de cuantificar, se estima que se convirtió en torno al 40 ó 50% de la población. De hecho, los bautizos siguieron retornando a sus hogares hasta 1499.

2.- LA JUDERÍA:

El caserío conservado es posterior, en cualquier caso, a la reconstrucción emprendida por la Corona a finales del siglo XIV, una vez concluida la contienda castellana. Urbanísticamente se articula en dos barrios: un núcleo primitivo –la judería vieja- y una prolongación posterior o judería nueva. Una vez consumada la expulsión de 1492 este hábitat pasará a denominarse genéricamente Barrio Nuevo, como sucede en Zaragoza, Huesca, Daroca o Calatayud.

A.- Delimitación:

La “judería vieja” se asienta a los pies de la Zuda –símbolo primero del poder musulmán y luego del cristriano- ocupando un espacio ligeramente descendiente acotado por el exterior de la barbacana de la ciudad y la acequia de Selcos, así como el mercado y la puerta del burgo. Abarcaba, por tanto, las actuales calles de Jusería, rúa Alta, Rúa baja y Aires, no superando el medio centenar de inmuebles. Este barrio, que no había sido trasladado después de firmadas las capitulaciones, se hallaba clausurado por diversas puertas que le servían de acceso: la Puerta de la Plaza Nueva (embocando con la Plaza de España), la Porticiella (en la Rúa Baja) y la Puerta de la Zuda en la Rúa Alta).

 

Una segunda fase de expansión –coincidente con la reimplantación de la judería de Daroca, por ejemplo- se inaugura con la “judería nueva”, que no contaba con un muro que la delimitase. La primera mención explicita se sitúa en torno a 1450-55, en que cobra carta de naturaleza. Esta se prolonga a través de la cuesta de los Arcedianos, su vía natural, para articularse en torno a la plaza de Santa María –“que antes diziase judería nueva”- protegida en la parte más próxima el río Queiles por una barbacana. En este espacio público según ratifican los judeoconversos, se celebran los actos solemnes presididos por los rabinos que portaban los rollos de la Torah, como las exequias oficiadas por la muerte de Juan II o el júbilo por la coronación de Fernando II, al igual que determinadas celebraciones de Pascua y el Sukkot o Cabañuelas. Su efectiva segregación de la “cristiandad” se lograba a través de una puerta radicada en la confluencia con la calle Madorrán –a través de un sistema de doble cierre de puerta y arco- y una segunda, en el otro extremo de la plaza mencionada, en las proximidades de la parte baja del molino del Cubo.

B.- Espacios Rituales:

El imperativo de la práctica religiosa genera una serie de espacios asociados a una cultura material específica por su carácter diferencial: las sinagogas, los baños rituales y los cementerios. En distinta medida se incluyen, asimismo, los centros de abastecimiento, al responder a las prescripciones de orden aliemtnaria: los hornos (pan ácido para la Pascua) y las carnicerías o macellum, donde se expide la carne kasher sometida a una liturgia sacrificial especial o sehita.

 

En las vistas pastorales del siglo XV se especifican sin ningún género de dudas que la aljama cuenta con dos sinagogas –se alude expresamente a “duas sinagogas ebreorum”- que ratifican las fuentes al distinguir la “sinagoga mayor” o “de la aljama”, frente a la “menor”. Respecto a la primera, el obispo expidió la licencia de reconstrucción el 8 de septiembre de 1371, no tanto por su antigüedad como por el estado ruinoso en que había quedado a causa de la guerra, al haber ardido casi en su totalidad y haber sido objeto del pillaje de las milicias.

 

Este espacio común destinado, por un lado, al culto, el estudio y las prácticas religiosas, y por otro, a las actividades cívicas, y tratándose de un lugar de reunión (“ubi congregentur”, señala el obispo) –que no participa de la concepción de templo de las iglesias cristianas- presentaba una configuración arquitectónica muy sencilla. Una sola nave (orientada hacia Jerusalem), cubierta con madera a doble vertiente, ala que se accede mediante una patio o azara-. Cuenta con una capacidad suficiente para albergar un centenar de personas. Entre su patrimonio se invertirán dos séfer Torah o rollos de la ley, siendo la plata sobredorada de sus keter o coronas embargada por Fernando II para satisfacer los impuestos ordinarios de la aljama antes de iniciar la Diáspora. Dispone de una cofradía en sus dependencias anejas, así como de la “sinagoga de las mulleres”, segregadas de los hombres mediante una tribuna. La construcción –que colindaba con las viviendas del rabino- fue objeto de diversas obras de acondicionamiento y mejora a mediados del siglo XV. Según se deduce de la documentación conocida hasta ahora, en exceso ambigua, probablemente ocupara el espacio donde se erige la Casa de Bécquer, en la Rúa Alta. Por otro lado, las menciones a la sinagoga menor son muy esporádicas, si bien, a juzgar por las dimensiones que tenía la análoga de Calatayud (40 pies de longitud y 30 pies de anchura9, se trataba de un edificio, muy modesto.

 

Tan apenas se sabe nada del baño de inmersión ritual o miqweh –en Sefarad sólo se conoce hasta ahora una prueba documental concluyente en Lérida- asociado, por ejemplo, con la purificación de la mujer menstruante, que es diferente de los establecimientos públicos de tradición árabe o romana, utilizados por razones higiénicas por miembros de las tres religiones. Necesitaba contar con agua corriente permanente, procedente de algún curso o manantial cercano, por lo que debía situarse cerca de la acequia de Selcos, siendo muy factible que se tratase de una dependencia subterránea de la sinagoga o en sus aledaños, aunque con acceso independiente. Sólo unas futuras excavaciones arqueológicas podrán o no corroborarlo.

 

Las creencias religiosas condicionan el lugar destinado a las sepulturas, ubicadas invariablemente extramuros, ya que transmiten impureza. El fosar –ocupado por la antigua Fosforera y el Convento del carmen- se emplaza entre la calle de Caldenoguea y el camino de Mataperros, en un suave promontorio que limitaba con la Plaza de la Almeora, cerca de la Puerta de la Carrera de Cervera y de la Puerta la Era, en la parroquia de la Losilla. Propiedad del a aljama y limitado por una cerca, se asentaba en terreno inculto –en sus alrededores se cultivan vides-, en declive y con los sepulcros orientados hacia Israel.

3.- LA ALJAMA Y LOS ORGANOS DE PODER:

La aljama, compuesta por los cabezas de familia, goza de cierto grado de soberanía, pudiendo promulgar ordenanzas y secamas que afectaban a diversos ámbitos de la vida. Una de ellas, por ejemplo, formalizada en 1285, prohibía que sus miembros utilizaran ropa de tonos claros y pastel como símbolo de austeridad. La organización interna de la comunidad –cuyos primeros testimonios escritos datan del siglo XIV- se asienta en tres organismos colegiados básicos: la asamblea, el Consejo y los adelantados o muqdamin, amén de diversos funcionarios adscritos a tareas económico-administrativas (entre los que destacará el clavario, encargado de la percepción de los impuestos y de la llevanza de la contabilidad colectiva), judiciales (albedí9 y religiosas (rabino, shamas, etc).

 

En el “regimiento de los oficiales” o takkanah promulgado por la reina doña María en 1420, “considerantes que ha hovido grandes mortalidades, guerras e otras perplexidades por las quales la dita aljama yes diminuida depersonas”, se establece que dicho Consejo se componga de nueve miembros, según los estratos que vertebran la sociedad, “tres de la mano mayor, tres de la mano mediana e tres de la mano menor”. Su mandato, con vigencia anual, comenzaba el día de San Miguel, siendo los titulares salientes quienes cooptaban o designaban a sus sucesores. En general sus funciones eran consultivas, salvo en lo tocante a la fiscalidad, en que sus resoluciones eran decisorias. No en vano, la aljama posee recursos financieros propios que garantizan las prestaciones básicas de la vida comunitaria. Además de la sisa sobre el pan, la carne y el vino, según una ordenación de 1383, se aplica un impuesto de capitación (cabezaje) sobre el patrimonio familiar, así como sobre los rendimientos del trabajo personal (brazaje) y el préstamo, fundamentalmente, gravados con un tipo básico del 8 ó 10%.

 

Los adelantados, “siquiere jutges”, no podían tener entre sí un grado de parentesco prohibido (“que no sean ensemble de los parentescos que veda la ley judaica, el qual es daquia el segundo grado, así como fillos de dos hermanos e semblantes”), debiendo ser conocedores de la legislación talmúdica (“los que son mas expertos en la ley judaica e mas sientes de tota la aliama”) y conducirse con honestidad (“que sean de buena vida e honesta, e que no sean ignorantes, ni jugadores”). Esta instancia que condensa, en cierta forma, el poder ejecutivo, está formada por tres miembros –en ciertos momentos de su historia sólo dos-, que también son competentes en la instrucción de causas y litigios internos, acogiéndose a las disposiciones rabínicas; vigilan el cumplimiento de las observancias religiosas; y supervisan los hospitales, los fondos de caridad, etc. (“feyto d’anima, o ad almosna, o spitales, o semblantes cosas”).

4.- ACTIVIDAD ECONÓMICA:

En el mundo agrario prepondera el viñedo (77%), seguido del cereal y las plantas textiles –lino y cáñamo- (13%), y a cierta distancia el olivo (10%), cuya producción en campañas de grave sequía (1492) sólo generaba 25 arrobas de aceite. Durante el siglo XV predomina el pequeño propietario, ya que mientras un 70% acredita una sola explotación, el 10% posee tres o más (Abraham Orabuena, Cahadías Abioxar y Yucé Orabuena). La riqueza, como sucede en Calatayud, se encuentra muy desigualmente repartida, pues un solo judío (Yuce Orabuena) concentra un quinto de la tierra. Una modalidad muy extendida entre los propietarios absentistas es la alcabala, que consiste en un arrendamiento de entre dos y siete años, cuya rentabilidad como mínimo es el triple que el censo perpetuo que suelen utilizar los cristianos.

 

El artesanado judío se vincula mayoritariamente con los artículos de consumo relacionados con la industria textil y de la piel. Algunas corporaciones de oficio, como los pelaires y los tejedores, son multiconfesionales, reflejando la cuota de mercado de cada comunidad productiva; así los cristianos controlan un 60% de sus miembros, mientras que los mudéjares un 10% y el 305 restante los judíos, muy por encima de su peso demográfico.

 

Asimismo, cuentan con una clase mercantil muy activa capaz de gestionar una red de intercambios con Navarra, Castilla y Aragón, a través de agentes por cuenta ajena y de la apertura de sucursales que permiten la comercialización de los stocks de sus botigas especializadas en pañería –esencialmente tejidos de baja calidad destinados al mercado rural- y peletería. Entre estos patronos-almacenistas que controlan las distintas fases del proceso productivo y ostentan un puesto preponderante en el mercado crediticio destacan Hosua Ezquerra, Levi Pamplones y los hermanos Yento y Açach Avemoder. Son muy significativos de igual modo, como en Barbastro, los corredores de caballos o “bestias”, que monopolizan la compraventa y el arriendo de équidos, esenciales para el transporte terrestre.

 

El crédito que sólo ejerce con regularidad una exigua minoría de al aljama, suele atender necesidades estacionales o coyunturales de agricultores-ganaderos y artesanos. En la segunda mitad del siglo XIV, sólo un 12% de los préstamos supera los 200 sueldos y más de un 60% ni siquiera 100 sueldos. Además, la estacionalidad es evidente, ya que la mitad de los contratos fijan un plazo de amortización trimestral, siendo nueve de cada diez los que no exceden los nueve meses. Estos préstamos de subsistencia se hallan expuestos a la insolvencia de sus deudores y son muy sensibles a los períodos de crisis, lo que obliga a continuas moratorias o condonaciones reales. Ello explica que ante una inestabilidad política o el mero rumor de alteraciones, como las producidas en Castilla en 1391, reduzca la presencia judía de un 50% a un 10%, por la típica inhibición del capital.

 

DIRECCIÓN DE INTERÉS:

Asociación Amigos de la Cultura Judía de Tarazona "Mos'he de Portella"

 

http://www.lanzadera.com/moshedeportella

 

Tienen en proyecto un interesante Centro de Interpretación y realizan actividades relacionadas con el pasado hebreo de Tarazona.

 

EN LICEUS sobre Judaísmo: Proyecto didáctico Tres Culturas y Judeo Españoles

 

http://www.liceus.com/cgi-bin/gba/0200.asp

 

(C) OFICINA DE TURISMO DE TARAZONA

 

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